escasas movilizaciones de protesta
Martes 30 de diciembre de 2008
Sólo algunas de ellas han sido significativas, como las decenas de miles de seguidores del movimiento Hizbulá de Líbano, que ha intentado una demostración de fuerza en las afueras de Beirut siguiendo las consignas del jeque chiíta Nasrallá. Otras han conseguido reunir varios miles de manifestantes, como en Saída en el sur libanés, en El Cairo ante el Parlamento, en Islamabad o en Bagdad al llamamiento del líder chiíta radical Moqtada Al Sadr.
La realidad es, por lo tanto, que el mundo árabe-musulmán contempla pasivo e /o impotente los bombardeos israelíes sobre Gaza, que se han cobrado ya 400 víctimas, de los que, al menos, una cuarta parte, según estimaciones de la ONU, son civiles. Una realidad contradictoria que muestra el abismo existente entre los ciudadanos y sus regímenes, entre las declaraciones y los hechos.
Paradójicamente, el país en el que ha habido más manifestaciones contra la situación en Gaza es Israel. Varios cientos en Tel Aviv, algunos menos en Jerusalén, en Haifa y Nazareth, así como en otras localidades más pequeñas como Sajnin, San Juan de Acre, Shafaram, Arara, Maker, Shaab, Ablyn, Magdel Kurum, Taybe, Tira y Calanswa. En todo Israel ha habido protestas contra la intervención militar encabezadas por la "Coalición contra el asedio de Gaza", una reagrupación emprendida por los movimientos de izquierda Hadash, comunistas y laboristas antisionistas.
La Liga de Estados Árabes, uno de cuyos pilares y razones de existencia es la defensa del pueblo palestino y su empeño en recobrar un Estado libre e independiente, ni siquiera consigue reunirse. El dirigente libio Gadafi ya ha declarado que no asistirá a ninguna cumbre árabe. Con su verbo hiriente ha acusado a los dirigentes árabes de "cobardía, debilidad y sumisión". Los elogios de la ministra de Asuntos Exteriores israelí, Tzipi Livni, en la cadena de televisión Al Yazira dos días antes de comenzar los bombardeos en Gaza a "los moderados árabes" que dan prueba de "comprensión", han acentuado el abismo entre los regímenes árabes y la población.
Es la única explicación a la trágica realidad de un mundo árabe-musulmán pasivo ante lo que todos unánimemente consideran "la causa sagrada de Palestina".
"Los regímenes autoritarios imperantes en el mundo árabe han confiscado no sólo cualquier posibilidad de expresión, sino los mecanismos del cambio", escribe el diario argelino "Quotidien de Oran". "La cólera no tendrá pues traducción política". Para la mayor parte de los analistas árabes, el silencio de las autoridades no es debido al carácter confesional de Hamas, islamista radical, sino al hecho de que es un movimiento de resistencia que mañana puede volverse contra ellos.
"El mundo árabe ofrece estos días el espectáculo clásico de una opinión pública airada pero incapaz de pesar sobre las políticas de sus gobiernos que tiemblan ante la previsible desaprobación de Washington. Lo que conforta a una parte de esta misma opinión pública que ve la opción radical como única alternativa posible", concluye el diario argelino. Una situación ésta que merece la máxima atención, si se quiere prevenir una catástrofe de mayores proporciones.
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