Opinión

Los mundos arcanos

TRIBUNA

Luis Bravo | Domingo 06 de septiembre de 2026

Uno no está seguro de si todos los finales demuestran que realmente lo son, que están dando su campanada para que advirtamos que ya está, se ha tocado lo que se debía. Se acabaron las vacaciones y, como mucha gente, la inmensa mayoría, cada cual tiene que volver a las rutinas, en sus grandes y pequeñas ciudades, y proseguir en lo que dejaron aparcado. Nada novedoso el tema, pero siempre conviene recalcarlo, porque precisamente cada final es un calco del anterior, y no tiene la gloria ni la hermosura de los cantos de cisne, sino el silencioso transitar de una cosa a otra, como en Año Nuevo, como lo es cualquier mes de septiembre. Si acaso, por limar asperezas, la puesta de sol del día 31 de agosto, desde la pequeña terraza en la que uno se encontraba, manaba una luz diferente, más agresiva, con reflejos engañosos de una fuerza que ha ido marchitándose, aunque a la mañana siguiente volviera intacta.

Regresamos a lo nuestro, pero un aliciente son los artículos, todos en igual baile de consistencia y fragilidad, algo que puede hacer de ellos el género literario más superviviente, también por la cantidad infinita que su sistema de escritura permite: una idea, un irse por los cerros de Úbeda, un acierto que puede dar para dos, todo mezclado según arte. En el caso español, más si cabe, pues contamos con una muy nutrida nómina de escritores que aprovecharon esos huecos de las rotativas de papel y digitales como la hiedra hace con los recodos pedregosos. En el verano y en el final del mismo, hay que echarse a la mochila un par de libros de este tipo para sentir que continuamos a pesar de los cambios, y así los recuerdos trabarán esas imágenes que comienzan a desdibujarse en anteriores.

En la recopilación Arcanos mundos, de Andrés Trapiello, se repasa el año 2011, tan remoto como sostenido en nuestra memoria por los sucesos políticos, religiosos, esos hitos que cada año indican con excesiva hondura lo que debe permanecer señalizado. Pero, afortunadamente, su visión del asunto, el de cada domingo en que fueron apareciendo en las páginas del Magazine de La Vanguardia, suele decantarse por temas que reclaman no demasiado tiempo, pues en los artículos lo trivial y lo cerebral emprenden el vuelo al menor soplido, pero sí que quieren hacernos entender que vale más la pincelada constante que el brochazo, y allanando el suelo con apreciaciones sobre películas, libros y escenas madrileñas y extremeñas que enlazan con el reciente tomo de diario, De todo tiene. Uno y otro se complementan con naturalidad, sin confundirse, pero tampoco sembrando la duda de que hagan más con menos. Hacen de igual modo en su sentido completo. Con la llaneza de estos artículos se aceptan el disparate y el temblor que tanto nos caracterizan, con el añadido de un poso sensitivo que compensa por su jovialidad.

Ya digo, pueden añadirse tantas glosas o adjetivos aplicados como se disponga y quiera, pero en los mundos arcanos que esperan tras su camisa editorial azul turquesa, siguen las similitudes con lo que uno fue y seguirá siendo: un paseante que será testigo de los altibajos y sus contrarios que la vida le brinde, una conciencia que no podrá detenerse ante la curiosidad y sus páginas correspondiendo la cuestión, si acaso la verdad, consabida.