Opinión

Huntington en Gaza

Luis Alejandre | Martes 30 de diciembre de 2008
El pasado día 24 moría en Massachussets, Samuel Huntington a los 81 años de edad. Desde hacia algo mas de un año había dejado de dar clases en Harvard, “tras 58 de buenos y leales servicios” como reconocía la famosa universidad al comunicar su pérdida.

Hemos recurrido tantas veces a su pensamiento plasmado en esencia en su “Choque de Civilizaciones” publicado en 1966, que me acordé inmediatamente de el, en cuanto tuve conocimiento del cruento bombardeo de Gaza. En cierto sentido, el buen Dios le evitó otro gran disgusto. Ya tuvo bastante con el 11-S y los sucesivos atentados que asolaron Madrid y Londres.

En mi opinión, Huntington -etiquetado de mil maneras- siempre apostó a favor de la advertencia, de la previsión, del estudio profundo de la Historia para evitar repeticiones, más que por el catastrofismo, más que por el “no hay nada que hacer”.

Decía Bismark que “el buen político es aquel capaz de apoyar la oreja sobre la hierba e intuir el sentido del galope de los caballos de la historia”. ¿Quién ha intuido aquí? ¿Los Ministros de Exteriores de la UE reunidos hoy, martes 30 de Diciembre en Paris? ¿El Gobierno Egipcio, el vecino, el valedor, el más cercano mediador? ¿La larga nómina de funcionarios de Naciones Unidas establecidos en Jerusalén? ¿El Consejo de Seguridad?

¡Ahora somos -todos- el llanto y crujir de dientes, cuando el galope de los caballos ha arrasado a 360 seres humanos!

¿Claves? Un territorio de 360 kilómetros cuadrados -la mitad de mi Menorca- situado como “tapón” entre Egipto e Israel, habitado por millón y medio de personas. Vieja ruta de paso entre civilizaciones, fue base de la potencia marítima de los filisteos, incluso campamento de Napoleón en su aventura egipcia. Provincia palestina entre 1917 y 1948 bajo mandato británico; Israel la ocupó en 1967 permaneciendo en la Franja hasta 1994 tras los acuerdos de Oslo. Es decir, el ejército judío conoce bien un territorio, en el que -además- ha realizado frecuentes incursiones, ha restringido movimientos e instalado puestos de control. Ocho campos de refugiados de Naciones Unidas albergan a parte importante de una población, sacudida por altos índices de pobreza, indiscutible caldo de cultivo de movimientos extremistas como Hamás.

¿Fechas inmediatas? La del 19 de Diciembre 2008, fin de la tregua de seis meses pactada entre Israel y Hamas; la del 15 Enero de 2009 tope para el levantamiento de 21 asentamientos judíos en la zona (8000 colonos) y su reinserción en Israel; las propias elecciones en Israel (10 de Febrero) y para renovar a la Autoridad Nacional Palestina; posición del electo presidente norteamericano Obama; posición intransigente de Egipto respecto a pasos fronterizos etc., etc.

¿Momento elegido por Israel para el ataque? La graduación de 40 miembros de las fuerzas ejecutivas policiales de Hamás el pasado 27 de Diciembre, que reunía en un céntrico y conocido edificio de Gaza a la cúpula de interior de la organización. Objetivo claro: descabezar el movimiento.

Coincido con mi admirado Shlomo Ben Ami, en afirmar que esta vez el aparato militar israelí “frena” a su clase política. Véase como no aparece como otras veces el Jefe de Estado Mayor, para explicar las operaciones, sino el Ministro de Defensa Ehuud Barak. El Ejército no quiere esta guerra, a pesar de que -como siempre- desea rescatar a su soldado Guilad Shalit en manos de Hamas desde el pasado verano. Por dos reservistas inició la guerra del norte contra Hizbolah. Pero, el ejército sionista sabe que el bombardeo en zonas de tan alta densidad de población, conlleva muchos daños colaterales.

Demasiados condicionantes para pensar en positivo. Da la impresión de que las opciones políticas están por encima del interés por las personas. La historia de siempre. Alguien me recuerda que mas importante que los cohetes Kassam que se lanzan provocadores sobre territorio israelí, sería transmitir a estas poblaciones cultura, educación y modernidad.

Huntington veía en la modernidad, el gran enemigo de los fanatismos. Yo añadiría que a esta modernidad hay que inyectarle esperanza. Sin esperanza de futuro, este millón y medio de ciudadanos no verá otra salida que la que le proponen los fanáticos.

¡Ahí está el gran reto de este final de año! Huntington ha preferido no vivirlo.

TEMAS RELACIONADOS: