Los documentos del Centro Nacional de Inteligencia desclasificados demuestran que el Gobierno mintió y sigue mintiendo sobre la invasión de Ceuta. Moncloa recibió, al menos, un día antes del asalto a la ciudad autónoma española, información que advertía de la preparación de la entrada masiva de 180.000 inmigrantes desde Marruecos. Incluso Margarita Robles, a pesar de indignar a Sánchez y a Marlaska, lo reconoció en el Congreso al confirmar que el CNI “compartió y analizó” su trabajo con “las Fuerzas de Seguridad del Estado y con el Gobierno”.
Y, en efecto, según la documentación seleccionada, y hasta cribada y censurada por el propio Ejecutivo, además de los informes que llegaron con más de una semana de antelación, el 29 de julio el CNI comunicó formalmente a distintos organismos españoles que se estaba organizando una entrada masiva el 30 de julio. El Gobierno, pues, contó con elementos suficientes para que el Ministerio del Interior reforzara a tiempo la frontera y la costa con un buen número de policías y guardias civiles, incluso con fuerzas del Ejército para impedir la avalancha de inmigrantes. Pues la alerta señalaba que los participantes podrían intentar acceder a Ceuta tanto a través de la valla fronteriza como cruzando a nado.
La advertencia fue trasladada a la Delegación del Gobierno en Ceuta, a la Guardia Civil y a la Policía Nacional. Además, la Benemérita mandó un escrito al Ministerio del Interior en el que pedía reforzar el dispositivo en Ceuta el 8 de julio, varias semanas antes del asalto masivo. Aún así, Pedro Sánchez también mintió descarada y vergonzosamente en el Congreso para defender a sus "socios marroquíes" afirmando que el Ejecutivo no había recibido información que permitiera anticipar "ni la escala ni la probabilidad" de la invasión.
Y a pesar de ser habituales las mentiras y las trampas del Gobierno sobre sus responsabilidades, resulta chocante y absurdo que el propio Gobierno desclasifique unos informes que demuestran que el CNI avisó de la invasión y el mismo día, ministros como Albares declaren que no sabían nada de tales avisos. Resulta inaudito y torpe, que Pedro Sánchez, a sabiendas del contenido de la documentación que iba a publicar, se empeñara en el Congreso y en sus entrevistas en medios afines en insistir en su inocencia, probablemente para ocultar su pasividad vacacional, incluso su complicidad, ante la tragedia que se avecinaba.
Pero el problema ya no sólo es la mentira, una herramienta habitual de Pedro Sánchez para sacar provecho propagandístico, incluso a sus errores. El gran problema ahora, 40 días después de la invasión, es que ni con los documentos a la vista reconoce que permitió que 180.000 inmigrantes, trufados de espías enviados por Marruecos, irrumpieran masivamente en España atentando contra la integridad territorial de nuestra nación y desafiando la soberanía de nuestro país. El gran problema es que se ha hecho el harakiri al demostrar, documentalmente, que por mucho que haya intentando disimular, también sabía que Marruecos estaba detrás de la llamada “guerra híbrida”. Y de nuevo surge la gran pregunta. ¿Por qué? ¿Qué oculta el presidente? ¿Está aterrado por la información que posee y, por tanto, chantajeado por Mohamed VI?
De todos modos, con los informes desclasificados por el propio Gobierno, la juez Tardón tiene suficientes elementos para imputar a Pedro Sánchez por traición al poner en riesgo la integridad territorial de su país con el único propósito de salvar el pellejo. Y, sin duda, la magistrada de la Audiencia Nacional ya debe tener la documentación que lo demuestra. El horizonte penal del presidente está, más que nunca, en la cuerda floja.