Ceuta tiene una población de algo más de 80.000 personas, el mismo número de inmigrantes que invadieron la ciudad autónoma. Hoy, permanecen unos 15.000 deambulando por las calles y, algunos, delinquiendo, incluso atacando con piedras y palos (e impunemente) a las Fuerzas de Seguridad, en especial al Ejército. La inseguridad no es “subjetiva”, como dice con cinismo el ministro Marlaska. Es real. Los habitantes viven aterrados por la ocupación de sus calles, por las incontables agresiones, por los robos, por las violaciones a menores, por las algaradas que organizan por doquier.
Muchos ceutíes ya están pensando en abandonar la ciudad, convencidos de que nunca recuperarán la “normalidad” que promete el Gobierno. Sospechan que ocurrirá lo contrario, que proseguirán las invasiones hasta el día en que haya más marroquíes que españoles. Pues ese es el objetivo de Marruecos para hacerse con la soberanía y, según muchos analistas, ese es el pacto secreto o tácito entre Sánchez y Mohamed VI. No hace falta una marcha verde. Basta con que el presidente del Gobierno abandone a su suerte a los ceutíes y melillenses. Hasta que se vayan y dejen el camino despejado para que se produzca la ocupación total por parte de los magrebíes. Aunque, hoy resulta impensable que tal pacto pueda consumarse. Porque, si no asalta las urnas, a Sánchez le queda un año en Moncloa, tiempo insuficiente para perpetrar la indigna operación.
Pero esas son, según muchos analistas, sus intenciones. De hecho, en su día, el Gobierno anunció que había llegado a un acuerdo con Marruecos para devolver a “todos” los inmigrantes que se habían saltado la frontera y habían entrado en tromba en Ceuta colapsando la ciudad autónoma. Pero si realmente hubo acuerdo, ninguno de los dos países lo cumplió. Pues España, después de anunciarlo a bombo y platillo, permitió que la invasión de inmigrantes prosiguiera. No se produjo la menor intervención de las Fuerzas de Seguridad que se limitaron a asistir como meros testigos al flagrante atentado a la soberanía nacional y a la integridad territorial de España. Y, ahora, acaba de amenazar Marruecos con emprender “tensiones recurrentes” si España prosigue con su “ceguera estratégica”. De algún modo, Mohamed VI anuncia más invasiones si nuestro país no cede la soberanía.
En su reciente entrevista en TVE, Sánchez llegó a reconocer que ya no piensa en expulsar a los invasores; más bien, lo contrario. Pues declaró que “hay que ampliar las infraestructuras para acoger a los inmigrantes que hoy colapsan Ceuta, pero también a los que puedan llegar en el futuro. Es importante ser conscientes de que necesitamos herramientas de acogida para los inmigrantes que lleguen.” Y, así, con su pachorra habitual, pronosticó que habrá más invasiones.
Para Pedro Sánchez Ceuta es un estorbo. Aparte de la dignidad, que desconoce, no tiene nada que ganar ni perder, pues en la ciudad autónoma sólo está en juego un escaño en las elecciones generales que nunca se llevará el PSOE. De hecho, jamás lo ha conseguido. Y está harto de los dolores de cabeza que le está provocando la “crisis migratoria de Ceuta”, la que calificó en su día de “invasión de la integridad territorial de España”. Cuando prometió expulsar a todos los invasores y, ahora, les busca acomodo en campamentos al borde del mar y asume que muchos se quedarán y que otros muchos llegarán. Pues esa es la estrategia o el pacto tácito entre Mohamed VI y Sánchez. Que lleguen en tromba y que ocupen la ciudad hasta asfixiar a los ceutíes para que se vayan. Ceuta, en efecto, no se vende. Se regala.