Martes 30 de diciembre de 2008
No se sabe si por efecto de la ley de la gravedad, o quizá porque la excentricidad es contagiosa, pero el caso es que de un tiempo a esta parte, las extravagancias del presidente venezolano Hugo Chávez parecen estar extendiéndose por toda Hispanoamérica. La correa de transmisión es geográfica, pues las ideas populistas circulan por toda la cordillera andina, con las honrosas e importantes excepciones son Brasil y Colombia, auténticos y enormes oasis de cordura en gran parte del continente. Haría falta concebir una nueva dimensión espacio-temporal para poder bosquejar el cúmulo de despropósitos que ha acumulado el líder bolivariano durante 2008. Megalómano, incompetente y con un afán histriónico patológico, Hugo Chávez hace lo que sea por ocupar su cuota de protagonismo ante las cámaras.
Algo más al sur, su vecino Evo Morales no ha tenido un buen año en Bolivia. Pese a declarar al país “libre de analfabetismo” -con datos de muy difícil contraste- ha visto cómo los departamentos más instruidos y urbanizados se le sublevaban, al ver la deriva que tomaba su política. La cual, por cierto, lejos de servir para atraer la inversión extranjera, ha tenido precisamente el efecto contrario. Efectivamente, persecuciones como la emprendida contra la española Repsol, unidas a unas indisimuladas ansias nacionalizadoras, han tenido el efecto de espantar a posibles inversores, penalizando así a ciudadanos, en general, y trabajadores bolivianos, en particular. Lógico. Claro, otro “correligionario” como el presidente de Ecuador, Rafael Correa, no iba a quedarse a la zaga en ocurrencias. Así, el mandatario ecuatoriano anunciaba hace pocos días la creación de la llamada “Secretaría Nacional de Transparencia de Gestión”. Dicho organismo se encargará de recabar las denuncias por corrupción que cualquiera desee presentar. Será que el señor Correa desconoce aún que en su país existen los tribunales de justicia, a la sazón competentes para conocer de esta clase de delitos. Ocurre que una denuncia judicial es mucho menos mediática que la efectuada ante un órgano ad hoc, por poco regulado y definido que esté. Y todavía más al sur, las ocurrencias de la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, cierran la cadena de despropósitos sudamericanos. Ojalá 2009 reparta entre todos ellos algo de sentido común, que falta les hace. Por el bien de todos los que hablamos español y por respeto a nosotros mismos.
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