Enric Mas es el campeón de la Vuelta a España. Merece la pena repetirlo: Enric Mas es el campeón de la Vuelta a España. Lo que la realidad ha constatado este sábado parecía un imposible, una quimera, hace sólo un mes. El ciclista balear ha saboreado la gloria al fin, cuando ya cumple 31 otoños y después de haber pasado un auténtico via crucis que le llevó incluso a plantearse la retirada del deporte profesional. Las lesiones y, sobre todo, unas críticas desaforadas le dejaron al borde de la lona pero el corredor nacido en la localidad de Artá ha demostrado disponer de una determinación de hierro y ha recibido el premio al verdadero sufrimiento que su carrera le ha deparado en el último lustro.
"Estoy feliz, he ido contando los kilómetros mientras se acumulaban las emociones (...) Se juntan muchas emociones de todo tipo, piensas en la familia, los amigos, en el equipo, en toda la gente que me acompaña desde mis inicios en el ciclismo. No tengo palabras", expuso en la meta del temible Collado del Alguacil, el puerto inédito que dio carpetazo a la etapa reina y estableció un colofón agónico a la montaña de esta vibrante 81ª edición de La Vuelta. "He ido día a día, quería ser cauto. Las lesiones las viví en primera persona, mentalmente tenía que ir así, despacio, y todo ha salido perfecto", añadió.
En su conmovida reflexión -quizá en su mente ya no cabía un éxito semejante- detalló que "desde el Giro todo parecía en buen camino". Del ocho al 31 de mayo de este mismo 2026 compitió en la carrera transalpina... y evidenció un rendimiento acorde con el que ha desempeñado en estos años. Discreto. Concluyó 32º en la clasificación y no pudo llevarse al paladar ningún triunfo de etapa en la 'Corsa Rosa'. Parecía entonces que ese discurrir grisáceo era el sino de un ciclista que ha asumido el rol de jefe de filas del Movistar Team y nunca pudo cumplir con las altísimas expectativas generadas en su etapa juvenil, cuando despuntó con un segundo puesto en la general de La Vuelta 2019, todavía portando el maillot del Quick-Step Floors y alzando los brazos en la decisiva llegada al Collado de la Gallina. Pero se puso a entrenar con humildad y tesón.
Más ha arribado a la orilla, a la 'Tierra Prometida', después de muchas fatigas. Llegó a tal punto su bajón anímico y endeblez psicológica que le sobrevino un miedo atroz a los descensos. Le ocurrió cuando estaba en plena competición, disputando el Tour de Francia 2022. Para entonces los abrasivos "expertos" de las redes sociales ya le habían crucificado y esas voces tenebrosas habían saltado a la carretera. A su parecer amontonaba demasiadas vueltas grandes sin obtener el premio gordo, algo que, según ellos, era su obligación. Sólo por el mero hecho de portar los galones del único equipo español de la máxima categoría ciclista. Y por las condiciones físicas y la calidad demostrada en su debut en el profesionalismo. La ilusión emanada de aquellas pedaladas iniciales se transformó en una presión condenatoria, en ansiedad pura, que no perdonaba los éxitos logrados (cuatro podios en La Vuelta, con tres subcampeonatos, y un quinto puesto en el Tour). Pero aún así trabajó para superar ese miedo y en cuestión de poco más de un mes subió al segundo puesto de la ronda española. Una evidencia nítida de su fortaleza interior.
La eclosión de Enric coincidió con dos vectores que aportan contexto a lo sucedido en torno a su figura. En primer lugar, la afición le concibió como el sucesor de Alberto Contador, el último ídolo y campeón español; y en segundo término, le tocó convivir con fenómenos de jerarquía tan abultada como Tadej Pogacar, Jonas Vingegaard, Remco Evenepoel y Primoz Roglic. Todos ellos le cerraron las puertas del Olimpo una y otra vez, y fueron desinflando las esperanzas de una hinchada muy necesitada de encontrar nuevos héroes. Que tornó los halagos en ataques a las primeras de cambio. La realidad es que después de Alejandro Valverde se ha desencadenado un secarral de victorias nacionales importante. Para colmo, Eusebio Unzué y compañía sostuvieron su eterna candidatura a la general de la 'Grande Boucle' más allá de lo razonable -se quemó al 'acercarse demasiado al Sol', al querer tutear a los extraterrestres- y le 'birlaron', en cierto modo, participaciones más propicias -por recorrido y nómina de rivales- en el Giro de Italia.
Estos factores han enredado en un talento innegable, que quizá no está a la altura de los gigantes mencionados, pero que sí puede competir con brillo, levantar del asiento al aficionado y colgarse una notable cosecha de medallas. En estas semanas lo ha demostrado con creces. El accidente inesperado de Pogacar le colocó en el centro de las miradas. De repente pasó a ser considerado el favorito número uno un ciclista que hacía tiempo que había abandonado ese cartel (también por salud mental). Los focos le arrinconaron y subió la presión. Sin embargo, Mas ha madurado y su enfoque de carrera y autopercepción ya no le torturan. Tampoco le persiguen las críticas. Ha habido cierto quórum y algunos se han dado cuenta de lo venenoso de sus posicionamientos para con el escalador balear.
Tanto él como el Movistar inauguraron esta Vuelta a España calculando que podrían aspirar a un 'Top-10' y, con suerte, rascar el último peldaño del podio. Nada más. Y cuando se cayó Tadej se les vino encima una oportunidad idílica. Emergió entonces la precaución entrenada: "Siempre intento hacer lo mismo, no despistarme y estar concentrado, porque después te puedes llevar una decepción y lo paso muy mal. Intenté que no pasara esto. Por ejemplo, con el equipo, y con el masajista, no hablábamos del futuro porque no me gustaba". Enric ha aprendido a gestionarse y ha adquirido una dureza mental que le ha conducido a la ansiada gloria. Y cuando ha sentido por primera vez el apoyo unánime de la afición, este es su análisis: "Son emociones nuevas para mí. Gracias a todos. Me vi ganador desde el inicio de etapa y me lo iba creyendo cada vez más".
"Hoy también he disfrutado (en la etapa más difícil e importante de su trayectoria, como él mismo precisó en la previa), me lo he pasado pipa en toda la Vuelta, ha ido todo rodado. Todo ha ido súper bien, y hoy he disfrutado cada kilómetro", resumió, con una sonrisa amplia y dulce. Al cruzar la meta se llevó las manos a la cabeza, quizá preguntándose si estaba soñando. Se ha convertido en el sucesor de Contador. Es el primer español que gana La Vuelta y una carrera de tres semanas desde que el madrileño dejase su marca en 2014 y 2015, cuando se enfundó el 'maillot rojo' y la 'maglia rosa', respectivamente. Y la clave de todo es la metamorfosis que ha llevado a cabo con un trabajo silente, de reconstrucción y renacimiento. Ahora disfruta dando pedales haya o no haya presión; sea el favorito o uno más del pelotón.
Puede que esta fuera la única manera de ganar: competir liberado. Y la fortuna le guiñó el ojo que tantas veces le había cerrado en esta década. La ausencia de Pogacar abrió las puertas y detrás vinieron un Roglic erosionado (tiene 36 años y le atropelló un coche mientras entrenaba en Austria, a finales de julio), un Felix Gall sin la chispa característica (pulido por su paso por el Giro de este año) y un Sepp Kuss desfondado por completo (ha participado en las tres grandes en 2026). Sólo el infatigable Richard Carapaz ha movido el avispero. Pero Mas respondió a todos y en todos los terrenos. Para el recuerdo queda la contrarreloj de Jerez de la Frontera, uno de sus mejores esfuerzos contra el crono. Ahí y en el control ejercido en la montaña, bien escoltado por Pablo Castrillo, Raúl García Pierna y, sobre todo, Iván Romeo (dentro del excelso ajedrez desplegado por Unzué, Chente García Acosta, Juan Carlos Escámez y José Joaquín Rojas) aseguró el éxtasis que descorchó este sábado.
Así ha recibido un redondeo feliz la compleja y trabajosa historia de Enric Mas en el ciclismo profesional. Con el jolgorio, la felicitación y la admiración de una hinchada española que ya le ha elevado a donde se merece, ni más ni menos. Es un campeón. Asimismo, como colofón ha aparecido Mikel Landa para refrescar al romántico 'landismo' tras sellar su primer triunfo de etapa en una grande desde hace 11 años. En una traca final soberbia que sabe a reconciliación y a justicia poética. En plena chanza, le preguntaron al guerrero de Artá si a partir de ahora hay que volver a subir las expectativas sobre sus aspiraciones de cara al 2027. "Yo voy a disfrutar de la Vuelta y no pensar en otros objetivos", ha respondido. Piano, piano. De exagerar proyecciones, nada. Este Enric sabe bien cuáles son sus pasos.