Los Lunes de El Imparcial

Ana Santos: Sembrar palabras. El despertar intelectual de las mujeres

Ensayo

Domingo 13 de septiembre de 2026

Premio Espasa de Ensayo. Espasa. Barcelona, 2025. 336 páginas. 21,90 €. Libro electrónico: 14,94 €.

Por Teresa Sánchez



Decía Borges que siempre se imaginó «el paraíso como una gran biblioteca». Durante siglos ese «paraíso» estuvo vetado a las mujeres. Por diferentes motivos, los libros se convirtieron en prohibidos para el género femenino negándoles, de manera injusta e incomprensible, la mayor de las libertades a las que tiene derecho el ser humano: la libertad de pensar desde el conocimiento. Sobre la emancipación cultural de la mujer durante los últimos cinco siglos, reflexiona Ana Santos en su libro, galardonado con el Premio Espasa de Ensayo 2025.

Sembrar palabras es, desde su título, una declaración de intenciones sobre la importancia que tienen las palabras y las obras de las mujeres que, a lo largo del tiempo, fueron dejando con su legado inspiración, talento y sacrificio, un espacio abierto, una senda que recorrer por todas las que las sucedieron.

Santos emprende un recorrido de más de cinco siglos de historia para reconstruir de manera pormenorizada el despertar intelectual femenino, sin caer en la tentación de realizar un catálogo de escritoras, intelectuales o pioneras sin más profundidad. Muy al contrario, establece una relación casi indisoluble entre el conocimiento, y su conquista por las mujeres, y la transformación de la vida diaria, apareciendo ahí muchas de las grandes cuestiones que interpelan a las mujeres: la maternidad, el matrimonio, la culpa, el deseo de aprobación o la lucha por la independencia.

La educación, por tanto, se convierte en una de las piedras angulares del ensayo que nos propone Ana Santos. Aprender a leer no era, solamente, adquirir una habilidad, sino que era la herramienta que podía permitirte acceder a una vida distinta: hacerte preguntas, plantearte las ideas que estaban establecidas para, al final, poder tener un criterio propio sobre ellas. Aprender a leer se convertía, así, en lo que Mario Vargas Llosa definió como lo «más importante que me había pasado en la vida».

La obra es especialmente interesante cuando la autora hilvana el pasado con la experiencia de su generación, la de aquellas mujeres nacidas durante la dictadura franquista, y que experimentaron el cambio de pasar de modelos tradicionales a una sociedad democrática donde los derechos de las mujeres, sus posibilidades y sus retos se extendieron significativamente. Y es desde ahí desde donde plantea una cuestión principal: cuántos de aquellos desafíos siguen presentes hoy en día y siguen siendo un reto en el siglo XXI.

Ana Santos reconstruye la historia de todas las mujeres que escribieron y leyeron antes que nosotros y que lucharon porque su palabra y su voz fuera escuchada. Esa “memoria colectiva” forma, de manera determinante, parte de lo que somos y de la sociedad que construimos constantemente. La libertad no es un bien adquirido sin esfuerzo y sin pasado: es el recuerdo constante de toda la lucha que numerosas mujeres emprendieron para alcanzar el derecho más básico e importante de todos. Esa libertad que hoy disfrutamos es resultado de su esfuerzo, constancia y determinación, no algo adquirido sin pasado.

De este modo, la obra nos recuerda que la igualdad es mucho más que una serie de derechos. Es más que ir a la universidad, ascender dentro de una empresa o tener libertad económica. La maternidad y el amor, como dos de los grandes temas, siguen interpelando a las mujeres y haciendo que nos planteemos constantemente preguntas y desafíos. En muchas ocasiones, los cambios jurídicos van más lentos que algunas mentalidades y, en otros, las mentalidades llevan más prisa que la conquista formal de derechos.

Sembrar palabras no mira, solamente, al pasado, sino que no ayuda a entender nuestro presente para proyectarnos hacia el futuro. Es conocer la herencia que hemos recibido y decidir qué queremos hacer con ella. La obra nos propone una lectura estimulante llena de preguntas, reflexión y pensamiento crítico. Si no fue hasta bien entrado el siglo XIX cuando se consideró que las niñas debían ir a la escuela para aprender, al menos, las enseñas básicas, podemos sumarnos a las preguntas que la autora se plantea: «¿Cuántas mujeres dotadas del don de la genialidad se han visto olvidadas a lo largo de la historia? ¿cómo medir la pérdida que este hecho ha podido suponer para el avance de las ideas y el pensamiento?» (pág. 308). Esas respuestas nunca las sabremos.

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