Premio Primavera de Novela. Espasa. Barcelona, 2026. 455 páginas. 22,90 €. Libro electrónico: 12,99 €.
Por Aránzazu Miró
Lamento decir lo mucho que me ha costado llegar al final de La educación del monstruo, la novela con que Elvira Mínguez ha obtenido el Premio Primavera de Novela 2026. Sí, la he leído entera, y avanzado el texto coge cierto ritmo, por suerte, para llegar a un final con moraleja que se mueve en el terreno de lo cursi. El principio es lento y enredoso; he tenido que ir hacia atrás varias veces para ubicar tanto personaje, a pesar de la indicación de lugar y fecha de todos los capítulos, pero es que no fluye, se nos da demasiada información actual y antigua en la que cuesta captar la progresión y sus relaciones; cosas de la literatura cuando no cuaja, a mi entender.
Como la redacción. ¿Cómo se puede permitir en un libro premiado y editado por una empresa con gran equipo de correctores ese cambio constante de tiempos verbales sin ton ni son? Voy a poner un ejemplo, creo que se entenderá mejor: «El encontronazo le sacudió el cuerpo. Deja la leche sobre la mesa y deambula mirando las fotos que salpican las paredes mientras organizaba en su cabeza la conversación que ha venido a tener. Teresa la observa en silencio. Matilde nota la tirantez que agrandaba el espacio entre ellas». Esa es la tónica de la novela. Una redacción que no fluye y que me atasca penosamente su lectura.
Porque la historia va de cómo un acontecer histórico se cuela en la psique de una niña para aflorar en el momento más sorprendente, ya de adulta. Se sitúa entre Düsseldorf 1963-64, Valladolid 1974-76 y la actualidad (2014) en Madrid y en Valladolid. Matilde se sorprende a sí misma en una reacción imprevisible, y a partir de ahí va en busca de ese monstruo que efectivamente se ha colado en una parte bloqueada de su cerebro: «Hay algo guardado en tu memoria que te está haciendo daño». El hombre del saco como leyenda, pero quizás como algo más.
Ese monstruo convierte la que podría ser una novela psicológica en una novela negra con caso policiaco, rastreo en los archivos policiales, equipo detectivesco que recurre a personal jubilado y la colaboración de hasta dos monjas con el problema que les supone ante sus superiores eclesiásticos, y junto a todo ello, una historia de emigración a Alemania con retorno y hasta con enfermedades y muerte de algunos personajes. Es una historia realmente compleja que da la impresión de no sostenerse en su explicación si cuestionásemos, realmente, los hilos que Elvira Mínguez ha querido tejer.
El tema principal es el miedo como control: «El miedo ha sido la manera tradicional de dominar a los hijos. Por lo menos, mientras eran más pequeños. Cuando mis hermanas y yo organizábamos alguna, mi madre nos amenazaba con decírselo a nuestro padre. En este caso, mi padre hacía la función del hombre del saco, ¿no? pero yo creo que lo hacían todas las madres». Esta me parece la parte más válida de la novela, junto a la interesante perspectiva de la relación maternofilial entre Matilde y Águeda que emite su reflejo en la de Matilde con su propio hijo.