Sociedad

Un estudio desafía lo que se pensaba hasta ahora sobre la red de calzadas romanas

(Foto: Queen Mary University of London).

ARQUEOLOGÍA

E.I. | Martes 15 de septiembre de 2026
Una investigación internacional analiza casi 300.000 kilómetros de vías del Imperio romano y demuestra que las carreteras se adaptaban al terreno y que Roma no era el principal centro de la red terrestre.

Las calzadas romanas no eran tan rectas como se ha creído durante siglos y, contra el famoso dicho de que "todos los caminos llevan a Roma", la capital imperial tampoco fue el principal centro de la red de transporte terrestre del Imperio. Así lo concluye un nuevo estudio internacional publicado este 15 de septiembre en Nature Communications.

Un equipo multidisciplinar de investigadores de la Universidad de Aarhus, la Queen Mary University of London y otras instituciones europeas ha analizado una base de datos que reúne cerca de 300.000 kilómetros de carreteras romanas distribuidas por los antiguos territorios del Imperio. El trabajo ofrece hasta ahora la imagen cuantitativa más detallada de cómo estaba organizada esta gigantesca infraestructura.

Para estudiar la importancia de las distintas vías y ciudades, los investigadores recurrieron a los datos de Itiner-e, The Digital Atlas of Ancient Roads, y aplicaron técnicas de análisis de redes conocidas como centralidad, que permiten determinar qué puntos resultan más relevantes para la conectividad general de una red.

Los romanos no construían carreteras en línea recta a cualquier precio

El estudio cuestiona la imagen tradicional de unas calzadas romanas trazadas mediante largas líneas rectas con independencia del paisaje.

Los investigadores concluyen que los ingenieros romanos buscaban rutas directas siempre que era posible, pero adaptaban su trazado a las características del terreno. Montañas, valles, ríos y asentamientos condicionaron el recorrido de las carreteras, mientras que diferentes soluciones de ingeniería permitieron superar los obstáculos.

"Los ingenieros romanos adaptaron la construcción de las carreteras al paisaje", explica el doctor Adam Pazout, de la Universidad Autónoma de Barcelona y autor principal del estudio. Según señala, aunque se favorecían las rutas rectas cuando las condiciones lo permitían, las calzadas eran, en general, menos rectilíneas que las principales carreteras modernas.

Para atravesar terrenos complicados, los romanos recurrieron a técnicas como la construcción de terrazas, el corte de la roca, los muros de contención y los puentes.

Roma no era el gran centro de la red

Otro de los resultados más llamativos de la investigación afecta a la propia organización territorial del Imperio. El análisis muestra que las capitales provinciales desempeñaban un papel fundamental como grandes cruces de comunicaciones, conectando diferentes regiones y facilitando los desplazamientos por tierra.

La investigación apunta además que Roma no era el punto dominante de la red de transporte terrestre del Imperio. De hecho, durante la Antigüedad tardía, Bizancio —la ciudad que posteriormente se convertiría en Constantinopla— adquirió una mayor centralidad dentro de la movilidad terrestre a escala imperial.

La elevada centralidad de las capitales provinciales y de las principales carreteras apunta, según los investigadores, a que la construcción y evolución de la red fue consecuencia de decisiones complejas tomadas teniendo en cuenta el funcionamiento del conjunto del territorio.
Dos mil años después, las carreteras romanas siguen dejando huella

El estudio también ha encontrado una relación medible entre la red viaria romana y las actuales infraestructuras de transporte.

La correlación entre las carreteras antiguas y las modernas es moderada cuando se analiza el antiguo Imperio en su conjunto, pero existen importantes diferencias dependiendo de cada territorio.

La geografía, la evolución de las ciudades, los ríos y los pasos de montaña han influido en la continuidad de determinados itinerarios. A ello se suman los profundos cambios políticos y económicos experimentados por Europa durante los últimos dos milenios.

Por ello, algunas carreteras modernas siguen aproximadamente los antiguos recorridos romanos, mientras que en otras zonas las transformaciones del territorio han hecho que ambas redes apenas coincidan.

Una reconstrucción sometida a las limitaciones arqueológicas

Los investigadores advierten de que el estudio se basa en una reconstrucción de la red romana a partir de evidencias arqueológicas y documentales que no están disponibles con la misma intensidad en todas las regiones.

El registro de las antiguas carreteras presenta lagunas y desigualdades, por lo que los autores incorporaron esta incertidumbre a sus análisis en lugar de considerar la base de datos como un inventario completo de todas las vías existentes.

Precisamente, uno de los aspectos novedosos del trabajo es su escala. Mientras que investigaciones anteriores habían estudiado las calzadas romanas principalmente por regiones o habían centrado su atención en aspectos concretos, como su relación con la topografía, este nuevo análisis permite estudiar la red viaria del Imperio como un único sistema.

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