Opinión

Multa a Marruecos

TRIBUNA

José María Méndez | Martes 15 de septiembre de 2026

Estimemos en 50 millones de euros los daños producidos por la invasión ilegal de inmigrantes en Ceuta. Es una cifra arbitraria, sólo para empezar a razonar. ¿Se podría multar a Marruecos con esa cifra de forma inmediatamente efectiva?

A mi modo de ver, la respuesta es positiva. Bastaría gravar con un 20% -la cifra es también sólo tentativa- todas las remesas en euros que los trabajadores marroquíes en la Unión Europea envían a sus familiares residentes en su país de origen.

Obviamente la iniciativa tendría que partir de las autoridades directivas de la Unión Europea en Bruselas. Esa operación tendría que ser gestionada por el Banco Central Europeo en Frankfurt. Por fuerza afectaría a todos los países que hoy día componen la la Unión Europea y han aceptado el euro como moneda oficial.

Ante todo, quedaría bien claro que Ceuta es frontera de la Unión Europea y todos los miembros de la Unión Europea la respaldan como cosa propia. En efecto, una medida así contribuiría de manera decisiva a potenciar en nuestros corazones y mentes el concepto -aún muy incipiente- de ciudadanía europea. Al final haremos una propuesta concreta al respecto.

Todos los bancos comerciales y entidades de crédito, que manejan las cuentas corrientes de los trabajadores marroquíes, enviarían ese 20% al Banco Central Europeo. En él se constituiría un fondo hasta completar los 50 millones de euros. En mi opinión ese dinero debería entregarse sin más al Ayuntamiento de Ceuta.

Una multa rápida y efectiva, como la antes descrita, convencería al Gobierno de Marruecos que de que habrá respuesta a su evidente proyecto futuro de invasión civil de Ceuta y Melilla, según el esquema que con tanto éxito emplearon en el Sahara Español.

Sin duda pagarán justos por pecadores. Es inevitable. No disponemos de otra arma de defensa eficaz. Hemos de aceptar las limitaciones humanas. La medida es injusta, lo reconozco. Pero en todo caso mucho menos injusta que la alevosa invasión planeada por el Gobierno de Marruecos.

Por otra parte, los verdaderos justos, los que sufren de verdad, son los ciudadanos españoles que viven en Ceuta desde que nacieron. Y los verdaderos pecadores son los que pisotean las reglas de la convivencia humana.

En todo caso, lo determinante aquí es que la multa fuese eficaz. Y no cabe la menor duda de que lo sería, si se consiguiese aplicarla de hecho. Así pues, veamos la eficacia más como impedimento de futuras injusticias que como represalia por pasadas injusticias. Se suele emplear la expresión medidas disuasorias.

Si queremos llegar al fondo del asunto, probablemente hay que llegar más lejos. Hay que controlar a largo plazo la inmigración procedente de África. No suprimirla, pues es obvio que la economía europea necesita de esa mano de obra, para

seguir siendo competitiva en un mercado mundial globalizado. Pero quizá sea el momento en pensar en un drástico y provisional frenazo. Un frenazo de 3 años, por ejemplo. Prohibir radicalmente durante ese tiempo la entrada de inmigrantes procedentes de Africa.

Hay que borrar de la mente de las gentes sencillas en esos países la idea, que tan fijamente se ha asentado en ellos, de que basta pisar el suelo europeo para que funcione de una manera u otra un pretendido derecho de asilo. Quizá la gente empezará a cambiar de idea pasados tres años de sequía completa. Y entonces será el momento de volver a autorizar la entrada de inmigrantes de una forma ordenada y sensata.

No se trata tanto del Gobierno de Marruecos o de otros gobiernos de la zona, como de una absurda mentalidad extendida en millones de personas en el Norte de África, gracias a la idiotez -no hay otra palabra que venga mejor al caso- de que nuestros gobernantes han hecho gala en su desastrosa gestión hasta ahora.

Incluso cabe aportar otra consideración adicional, que abona el proyecto de una moratoria o prohibición de 3 años en la entrada de inmigrantes. Llamémosla pereza mental del empresariado europeo.

Es muy cómodo recurrir a la mano de obra barata y abundante. Si se quiere competer a largo plazo con Estados Unidos y China en un mercado mundial globalizado, hay que buscar soluciones mejores. Hay que rebajar costes de producción, recurriendo sobre todo a soluciones imaginativas, que ahora la Inteligencia Artificial pone a nuestro alcance. Hay que lograr una mejor y más eficaz organización interna en las empresas. Y los políticos tienen que ayudar a los empresarios con una legislación social y laboral que favorezca de modo efectivo unas metas de tan amplio alcance.

En resumen, durante esos 3 años de prohibición temporal en la inmigración procedente de África los empresarios y gobernantes europeos se verían forzados a buscar soluciones alternativas al fácil recurso de la mano de obra barata.

Con todo lo urgente e inmediato es imponer una multa a Marruecos por la tropelía de Ceuta. ¿Qué tal si se hiciese un Referéndum en toda la UE sobre esta posible multa a Marruecos?

Eso sería vivir la democracia de verdad, como la vivieron los ciudadanos de Atenas. Ser tan conscientes de nuestra ciudadanía europea como Aristóteles era consciente de que no era ciudadano ateniense.