Opinión

Fidel Castro 100 años: el fin de una fidelutopía; Raúl, solo como el Cid

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Carlos Ramírez | Miércoles 23 de septiembre de 2026

Este desordenado recordatorio de los 100 años de la vida física y política del comandante Fidel Castro Ruz revela una percepción que no se puede ocultar: la Revolución Cubana como una utopía duró un instante y como una herencia llegó a su fin con las últimas evidencias de que la dinastía de los Castro Ruz no llegará más allá del agotamiento físico del general del Ejército Raúl ya siendo paseado de manera pública como cuenta la leyenda que se hizo con El Cid Campeador para ganar batallas después de fallecido.

La dinastía de los Castro quiso ser revalidada a través de su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro, pero se agotó en una figura conocida más como escolta, guardaespaldas o --el lenguaje mexicano-- guarura como sustituto de guardia corps al estilo del servicio secreto de Estados Unidos. Además, ese nieto de Raúl es más conocido por el despilfarro del dinero público --porque no trabaja de manera formal en el gobierno ni tiene un salario que se pueda acreditar ante las autoridades-- en fiestas, comilonas, mujeres, yates y licores de muy buen gusto.

La Revolución Cubana que inició Fidel el 26 de julio de 1993 en realidad duró muy poco tiempo con la aureola de la leyenda del famoso Grupo de los 12 que el periodista Carlos Franqui mitificó en un libro e identificó como el comando que desembarcó en el Granma en las costas de Cuba en 1956 después de vivir en México preparando la guerrilla. En términos de tiempo histórico, la Revolución Cubana como mito simbólico de una movilización de los pobres sólo llegó a abril de 1961 cuando un grupo contrarrevolucionario financiado y entrenado por la CIA quiso desembarcar en Playa Girón/Bahía de Cochinos y fue derrotado por la leyenda del pueblo en armas encabezada por Fidel.

La respuesta de Fidel Castro a esa invasión fue inmediata: la declaración de que la Revolución Cubana pasaba de levantamiento popular y forma de gobierno social a una estructura ideológica marxista-leninista y la revolución se sovietizó con expropiaciones que al final de cuentas le dieron la razón a Washington en cuanto a sus alertas de que detrás del simbolismo popular de los barbudos se escondía un proyecto ideológico comunista y vinculado orgánicamente a la Unión Soviética.

A pesar de los malos augurios que dejó en el ambiente internacional la declaración marxista de la Revolución Cubana, el liderazgo personal y simbólico de Fidel les permitió tener respiración artificial poco tiempo después. El espacio de legitimación estuvo en el apoyo que --mal que bien-- le siguieron prestando a la Revolución los sectores intelectuales de izquierda, tanto marxistas como solamente populares o socialistas utópicos.

Pero como bien dictan las leyes de la historia, las contradicciones acaban por estallar en conflictos. De 1961 a 1971, la Revolución Cubana tuvo dos choques de trenes en sentido contrario con la intelectualidad no comunista. En 1961 por la censura gubernamental a un documental de 14 minutos --P.M.-- sin ninguna palabra ni sentido político-ideológico sino sólo una cámara que paneaba por los centros nocturnos de La Habana para mostrar la alegría social en medio de la revolución, Fidel colisionó bruscamente con los intelectuales y lanzó su primera advertencia autoritaria: “con la revolución, todo; contra la revolución, nada, ningún derecho”.

Y luego de varias fricciones con intelectuales estalló en 1971 la segunda gran crisis entre el Estado y los intelectuales: sin ninguna causa específica sino sólo por reuniones con el escritor Jorge Edwards, entonces encargado de negocios de Chile que estaba en Cuba para reanudar relaciones y reabrir la embajada de Salvador Allende en La Habana, el poeta cubano Heberto Padilla fue arrestado y durante un mes sometido muy al estilo soviético a torturas psicológicas para obligarlo a aparecer en público y declararse contrarrevolucionario y al servicio de la CIA, en una reunión que fue significativa por parecer una obra de teatro cómica.

Los intelectuales europeos y latinoamericanos, comandados entonces por la figura dominante de Mario Vargas Llosa como la cabeza de playa del boom literario latinoamericano, rompieron lanzas contra Fidel acusándolo de estalinista y Fidel le respondió con un discurso largo frente al pueblo para denunciarlos a su vez como señoritingos de las letras y agentes de la CIA.

Ahí, en ese hecho histórico, terminó el simbolismo sentimental de la Revolución Cubana con un movimiento popular a favor de los más pobres y emergió de sus cenizas nada menos que el temible Estado revolucionario de Cuba que terminó con todas las libertades, y entre ellas las más importantes: las de pensar y escribir.

El Fidel de 1971 hasta su retiro en 2006 y luego a su muerte en 2016 perdió la aureola la legendaria de un Robin Hood moderno que le quitaba los ricos para darle a los pobres, porque la realidad, le quitó su riqueza a los ricos pero se la trasladó a los militares y a la burocracia y el pueblo quedó sometido a tarjetas de racionamiento que repartía sólo la pobreza y no el bienestar.

El epitafio de Fidel lo escribió la historia: de 1991 a 2016, Cuba perdió muchas oportunidades para regularizar su situación con Estados Unidos y fue Fidel el que reventó en 2016 el paso audaz de su hermano Raúl de reanudar relaciones diplomáticas con Estados Unidos y reabrir la embajada, y el fracaso lo capitalizó Trump con una nueva ruptura de relaciones diplomáticas y el inicio de una persecución que tiene a Cuba aislada del mundo sin que nadie defienda un proyecto histórico que conquistó al mundo en 1959 y que hoy prácticamente ha perdido su apoyo internacional.

El título de un texto de la activista cubana Yaoni Sánchez en su sitio Generación Y (https://www.14ymedio.com/blogs/generacion-y/) resume en poquísimas palabras el estado actual de Cuba y de la Revolución Cubana: “cansados de la utopía”, a sabiendas que la utopía es un símbolo filosófico y no un estado de gracia y que no sólo de la utopía viven los cubanos. El último reporte de “El estado de los derechos sociales en Cuba” Informe IX/2026 del Observatorio de Derechos Sociales de Cuba y del Observatorio Cubano de Derechos Humanos concluye que el 95% de los cubanos repudia su régimen de gobierno.

Muerto Físicamente Fidel, con Raúl aireado en actos públicos sólo para que lo vean y ya en situación de inactividad intelectual y de gobierno y con un nieto castrista que sólo representa el hedonismo corrupto de la dirigencia revolucionaria, Cuba enfila hacia el abismo y a la espera que las quejas escalen los gritos y se convierta en una movilización social que emule aquellas revoluciones populares en Europa y Medio Oriente que tumbaron a muchos grandes dictadores, por cierto un fin que ya había adelantado Gabriel García Márquez en su novela El Otoño del Patriarca que, dicen, escribió teniendo a Fidel como segundo pensamiento y que nunca circuló en La Habana por prohibición directa del Jefe Guerrillero.