Los incontables portavoces socialistas que merodean por La Moncloa pusieron el grito en el cielo cuando el juez Peinado decidió que un jurado popular emitiera el veredicto del caso de Begoña Gómez. Y ahora se ponen la venda antes de la herida de la sentencia por la selección de los 9 ciudadanos que deberán absolver o condenar a la mujer de Pedro Sánchez, acusada de malversación de fondos públicos y tráfico de influencias. No deja de ser curioso que teman la opinión de esas 9 personas después de la tabarra del Gobierno proclamando la “inocencia” de la esposa del presidente. Quizás ya no se fían ni de los efectos en la opinión pública de su atronadora propaganda contra el magistrado. Seguramente, sospechan que la mayoría de los españoles cree que Gómez es culpable de haber abusado del poder de su marido para hacer negocios personales. Para enriquecerse.
Pero la polémica sobre el jurado popular no ha hecho más que empezar. Cuando el juez marque la fecha del juicio y después del sorteo para elegir a los candidatos, comenzará el proceso de selección de las 9 personas que emitirán el veredicto final. Y aquí se desatará una guerra entre los abogados. Tanto el de la acusación como el de la defensa tienen el derecho a vetar la participación en el jurado de 4 personas que consideren que les pueden perjudicar por su parcialidad o porque tienen una opinión predeterminada antes de comenzar el juicio.
Y, como era previsible, la maquinaria de las cloacas del PSOE ha vuelto a ponerse en marcha. Son capaces de todo, como se ha comprobado después de conocerse los contactos de Leire Díez y sus compinches con los sicarios de las bandas de narcos para amedrentar a la jueza Biedma por juzgar al “hermanísimo” de Pedro Sánchez. Y, ahora, centrarán sus operaciones en investigar a los candidatos a ser miembros del jurado para conocer al detalle sus vidas, sus opiniones políticas, sus gustos y, sobre todo, sus vicios. Espiarán sin pudor a los seleccionados no vaya a ser que sean “fascistas”, un término que afecta a todos los españoles que no se desmayan extasiados al paso de Pedro Sánchez.
Después de conocer cómo se las gastan los capos de las cloacas del PSOE, tampoco hay que descartar que, como ocurre en la trama de la novela de John Grisham, “El jurado”, los abogados defensores intenten sobornar o amenazar a los miembros del jurado popular para que voten a favor de la inocencia de Begoña Gómez. O, peor, intenten amedrentar a los que consideran que la mujer del presidente es culpable. Porque las cloacas se enterarán con detalle de los debates entre los miembros del jurado popular antes de comunicar al juez su veredicto. Tendrán sus topos. De un modo u otro, asistirán en directo a las deliberaciones. Eso es seguro.
En la España de Pedro Sánchez todas las marrullerías son posibles. Más aún, cuando está en juego la carrera política del presidente que, ahora, en buena parte depende de la sentencia de Begoña Gómez. El juez Peinado deberá estar atento a la selección de los miembros del jurado por parte del abogado de la defensa. Y deberá blindar la sala de las deliberaciones para preservar el secreto. Hay mucho en juego. Y, una parte, la del PSOE, no respeta nada. Sólo quiere amarrar el poder por las buenas o por las malas. Y lo que mejor se le da es hacerlo por las malas. Que para eso están las cloacas.