Los Lunes de El Imparcial

Peter Handke: La balada del último cliente

Novela

Lunes 28 de septiembre de 2026

Traducción de Carlos Fortea. Alianza. Madrid, 2026. 160 páginas. 17, 95 €. Libro electrónico: 13,99 €. Una novela fascinante del Premio Nobel austriaco en una historia de reencuentros quizá imposibles

Por Carmen R. Santos



Más allá de la polémica que desató la concesión del Premio Nobel de Literatura 2019 a Peter Handke (Griffen, Austria, 1942) resulta indiscutible que es uno de los más grandes representantes de una literatura exigente, alejada de toda superficialidad y afán comercial. Lo ha sido desde que publicó su primera novela, Los avispones (1966), a la que siguieron una rica producción desarrollada en narrativa, ensayos -como su colección de trabajos Contra el sueño profundo- y teatro, con incursiones como guionista y director cinematográfico.

Entre sus obras más célebres se encuentran Carta breve para un largo adiós, con el trasfondo de la conflictiva y dolorosa separación de su primera mujer, la actriz Libgart Schwarz; El miedo del portero al penalti -llevada al cine por su amigo, el alemán Wim Wenders-, o su impactante texto autobiográfico Desgracia impeorable, sobre la vida de su madre y su suicidio por una sobredosis de somníferos. Una figura, la de su madre, una mujer profundamente infeliz, que le marcó y que aparece de nuevo en uno de sus últimos títulos, La segunda espada.

En Desgracia impeorable, se aprecia una de las características más cautivadoras de Handke: una portentosa capacidad para reflejar el sufrimiento, la soledad, la incomunicación -y no solo con los demás, también con uno mismo-, la falta de sentido, el vacío existencial, los recovecos de la mente…, junto a la búsqueda de una cierta belleza y armonía, sin el menor atisbo de melodramatismo, sino de manera fría y distante. Frialdad que, sin embargo, encierra fuego. Fuego helado.

El protagonista de La balada del último cliente, su última novela, es Gregor Werfer, un personaje típicamente handkiano. Tras una larga ausencia, de casi medio siglo, Werfer regresa a lo que desea considerar su hogar: “Llevaba mucho tiempo sin mujer, tampoco tenía hijos, vivía y trabajaba desde que había memoria -la suya-en otro continente, digamos ‘territorio’ o, según su propio uso del lenguaje ‘parte de la Tierra” (Que cada uno se imagine cuál)”. Pero lo que halla no es lo que esperaba. Ahora es allí “un forastero”. Ansía ser reconocido, pero “quien sí pareció reconocer al recién llegado, más o menos, al menos al principio, fue un perro vagabundo, probablemente sin amo”, en un guiño a la Odisea de Homero. Una cita de la Odisea abre la novela, en la que hay varias referencias a la obra homérica: “¿Dónde podré refugiarme?”.

En su viaje físico y mental, Gregor Werfer trata de recuperar recuerdos del pasado, como sus juegos con su hermano pequeño, Hans, ahora muerto: “Miembro de una división de la legión extranjera destinada en los trópicos desde hacía años, una ‘bala enemiga’ lo había alcanzado en la cabeza. Muerto en el acto”. Esta noticia le llega en un mensaje a su teléfono mientras se dirige a su casa y deberá comunicársela a su familia. ¿Lo hará? ¿Les servirá de consuelo la coda del mensaje: “Su hermano no ha sufrido”? Werfer pasea por el pueblo, completamente transformado, nada es como cuando se fue. El desarraigo se hace fuerte y se cobija en tabernas y fondas, pues no quiere enfrentarse a comunicar el triste suceso.

La balada del último cliente está escrita en una singular tercera persona, con momentos en segunda y primera, difuminándose y paralelamente enriqueciéndose los límites exactos en la introspección, y en un estilo sinuoso, de cuño a la vez reflexivo y poético que huye de lo trillado. En las tabernas donde se refugia, se queda como el último cliente. Pero también, en el título original alemán, Die Ballade des letzten Gastes, la traducción de Gastes puede ser “huésped”. Sentimos así cómo Gregor Werfer es “huésped de su propia vida” -¿también nosotros?- en inquietante expresión de Hermann Broch en La muerte de Virgilio

Peter Handke, un enamorado de nuestro país –Handke y España- ha vuelto a deslumbrarnos con esta muy especial balada.

TEMAS RELACIONADOS: