Editorial

Sánchez jalea las manifestaciones de las “inquilinas“, mientras medita sobre el adelanto electoral

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Domingo 04 de octubre de 2026

Adelante o no las elecciones, Pedro Sánchez ya ha puesto en marcha la campaña. Con el cinismo que le caracteriza, aprovecha su demoledora derrota en el Congreso para poner en pie de guerra a los activistas de la izquierda con la coartada del “derecho a la vivienda”. Con la estratagema de hacer creer a la opinión pública que los partidos que rechazaron los decretos son los culpables de la crisis de la vivienda, a pesar de llevar 8 años en La Moncloa, de ser el presidente que menos obra pública ha construido. Y ocultando que, en realidad, las medidas iban a aniquilar ese derecho con un asalto a la propiedad privada y un golpe a la seguridad jurídica.

Con esa falsa bandera, ha jaleado las manifestaciones de este sábado, algunas multitudinarias, incluso violentas, del llamado Sindicato de Inquilinas, que ni es sindicato ni son inquilinas; en todo caso, okupas. Un grupúsculo de activistas de extrema izquierda, subvencionadas por el propio Pedro Sánchez para que le hagan el trabajo sucio de incendiar la calle y, de paso, sacarse la espina de su batacazo parlamentario.

Pero con el gran apoyo del Gobierno, las “inquilinas” siguen adelante con las manifestaciones, extienden la acampada de Sol y, ahora, piensan convocar una huelga general. Están eufóricas por la desaforada atención mediática, por haber protagonizado el debate parlamentario. Pero por mucho que griten, han perdido la batalla. La democracia representada por la soberanía popular del Congreso ha rechazado los aberrantes decretos. Pero ni Sánchez ni sus inquilinas aceptan la democracia. Quieren ganar en la calle lo que han perdido en el Parlamento por el voto de la mayoría de los diputados que, por tanto, representa a la mayoría de los españoles.

Ahora, hay que esperar a que Sánchez medite sobre los beneficios e inconvenientes de adelantar las elecciones. Algunos dirigentes socialistas sostienen que es el mejor momento. La oportunidad para salir del atolladero. Creen que el PSOE podría ganar algunos votos si incrementa aún más la polarización de la izquierda con la trampa del “derecho a la vivienda”, con el espantajo de los fondos buitre que acechan. Y con el sentimentalismo del desahucio de Maricarmen. El caldo de cultivo ya está cocinado. El estruendo en la calle es palpable. Y la agitación parece ser imparable. Es el mejor escenario para que Sánchez arranque la campaña electoral. El ambiente perfecto para volver a erigirse en el salvador de “los más vulnerables”, en el muro para frenar “el fascismo que viene”. Pues con ese eslogan, aunque perdió las elecciones en 2023, el PSOE aguantó lo suficiente para formar un nuevo Gobierno Frankenstein.

Sin embargo, Sánchez sigue sufriendo el bombardeo de casos de corrupción de su familia y su entorno político, ha quedado en evidencia por permitir la invasión de Ceuta en complicidad con Marruecos, ha sido cazado por el Tribunal Supremo en su intento de dar un pucherazo con la ley de nietos. Y sigue aferrándose a la inocencia de Zapatero, su gran maestro, a pesar de estar estrangulado por las millonarias joyas ocultas en su caja fuerte y las inexplicables comisiones por el recate de Plus Ultra y por asesorar a dictadores. Sin olvidar su responsabilidad política por la tragedia del accidente de Adamuz, causada, según todos los expertos, por la falta de mantenimiento e inversión de la red ferroviaria. Y de tantas y tantas catástrofes que ha provocado su desgobierno y que ha hundido irremisiblemente al PSOE. También deberá meditar si esa ley de nietos que ha puesto en marcha puede proporcionarle todos los votos con que contaba. Pues, ahora, está suspendida por el Tribunal Supremo.

En principio, después de reunirse con su núcleo duro y consultar las incontables encuestas encargadas a Tezanos, este lunes Pedro Sánchez va a comparecer en Moncloa con toda solemnidad para comunicar cuándo convoca las elecciones generales. La incógnita sigue en el aire. Lo único seguro es que, decida lo que decida, aprovechará su discurso para dar uno de sus habituales mítines basados en los muchos peligros que tendría para España que Núñez Feijóo le sustituya. Y adelante o no los comicios, el mitin se convertirá en el arranque de su campaña electoral.

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