Opinión

Pedro Sánchez o el signo de los tiempos

TRIBUNA

Fernando Muñoz | Sábado 10 de octubre de 2026

Hablar de moralidad al actual consejo de ministros es echar margaritas a los puercos, con el agravante de que se descojonarán de risa porque se juzgan más allá del bien y del mal. Así como se descojonarán plácidamente si se les habla de legalidad o de legitimidad. Lamento utilizar ese estilo arrabalero que cuadra bien a los señores de la calle, a los dominadores que tupen la andorga de la muchedumbre de campaña. Lamento el tono pero comprendan que el uso de este lenguaje soez es un reflejo inevitable, como cuando los caballos estornudan al oler la paja rancia.

Quién iba a pensar que saldría esta interminable plaga de la cabeza vacía de Rodríguez Zapatero con sus joyitas de marras y su cejita de pícara bestezuela y la ignorancia absoluta de su progresismo huero. Aquel sujeto ganó unas elecciones turbias tras un asesinato en masa que está lejos de haber sido esclarecido. De aquellos polvos estos lodos, dice el refranero. Aquello queda lejos, pero tenemos hoy a la vista el soberbio escupitajo sobre la derogación parlamentaria del “Decreto Maricarmen” cuya vigencia se impone al margen del Parlamento o la confección a medida del censo electoral, por no hablar del manejo estratégico de la actual situación de Ceuta. Toda una circunstancia que sumar a la habitual movilización sindical o a la estimulación de las fuerzas juveniles del partido en función de las exigencias electorales.

Cómo escuchar sin sobresaltos el discurso criminal del presidente anunciado elecciones con tono de ultimátum – conmigo o contra mí – y fijando los dos bandos que han de afrontarse mañana como se mataron ayer. Es otro el mundo y la historia se repite como farsa, pero es una farsa que produce náuseas. El Frente Amplio no deja de ser un frente de batalla integrado por huestes sin clase – desclasadas – integradas por señoritos biempensantes, aunque vistan el uniforme de contestario, desobediente de oficio, pero servil a la voz de su amo que es, todo el mundo lo sabe, el puto amo.

Por su parte los que buscan la alternativa se muestran sonrientes y satisfechos porque parece que es su turno, creen que por fin les toca tomar el mando en este proceso de violación y burla de la olvidada dignidad de la nación.

Quisiera encontrar una expresión reposada y una fórmula benévola que abrazara la realidad de algún modo, en lugar de alejármela para disponerme a la defensa. No es posible encontrar, pese a todo, la palabra sosegada que exprese sin asco esta sensación de estar siendo manoseado. El rictus del presidente se ha endurecido sobremanera y el gesto atemorizado de la ministra Rodríguez recuerda a aquellos miserables que gritaban en alabanza del tirano en el mismo momento de su fusilamiento. ¡Que a nosotros, por lo menos, nos arrollen mientras les insultamos!

Sólo encontraría calma si lograra dirigir la mirada a los fundamentos de la vida real: la familia que han escarnecido, el trabajo que han desbaratado, la educación que han convertido en un circo sin gracia… en fin, que ya no es posible mirar para otro lado porque su huella infame está por todas partes.

Con toda la desfachatez del que sabe que nuestra estupidez es insondable el tirano se confiesa: “los intereses de la gente de a pie son pisoteados en el parlamento en beneficio de unos pocos”. Lo dice el “azote de las élites”, presidente del gobierno desde 2018, el hundido hasta el gaznate en todo tipo de corrupciones del peor cariz, el menesteroso de Davos, el buscador de inversores. Se considera capaz de torcer el brazo al parlamento, los tribunales, la policía y a quien haga falta en nombre de su suma bondad. Él tan compasivo, tan magnánimo, tan enamorado.  Sólo su autoridad incalculable es necesaria, no es preciso contar los votos porque sólo su eminencia actúa sin tacha en nombre del Bien: en defensa de “la gente de a pie”. Situado – como tanto le gusta recordar – en el lado correcto de la historia que es, por definición, el que ocupa su lamentable figura. Frente a él la sombría ultraderecha y con él los humildes y explotados. Que estas soflamas maniqueas funcionen en nuestra sociedad es, sobre todo, índice de nuestra grave indigencia intelectual.

Sabe que vienen tiempos de tribulación. Ventea la herida abierta en la sociedad española, la herida que se ha esforzado por abrir sobre una cicatriz que creíamos endurecida y olfatea la violencia de una circunstancia histórica tremenda. No dudará en aprovechar en beneficio propio el sufrimiento de millones, así haya que quemar las calles, revolver las vidas, descuajar los cimientos de un orden social ya tocado de ruina.