Traducción de María Antonio Menini Pagès. Salamandra. Barcelona, 2026. 240 páginas. 20 €. Libro electrónico: 9,99 €.
Por Davis Lorenzo Cardiel
Un enviado y una misión tan poco interesante como peligrosa: nada menos que asegurarse de que los terratenientes locales cumplen con un nuevo impuesto. La cautela inicial pronto se convierte en una situación delicada. El funcionario se convierte en víctima. Pronto, desde la cárcel, descubre que la fuerza de la ley es un espejismo ante la decisión de una comunidad dominada por sus propias reglas.
Camilleri regresa a la Sicilia inventada, a su ficticia Vigàta, a recrear en El movimiento del caballo la tensión que sigue vigente entre las dos Italias que construyen el país que conocemos. Una nación inventada en el siglo XIX bajo una reunificación que no se justifica por la rica variedad dialectal del territorio ni la diversidad de influencias —austríaca, francesa, aragonesa— que constituyen la nación. Sí lo hace la cultura común, el enfoque vital, el impacto cultural. Basta viajar por el país en nuestros días para seguir encontrando la belleza y abundancia, tan divergente, tan similar, de ambas mitades de Italia.
El norte, industrial, con la potencia del legado de las viejas repúblicas veneciana y genovesa, el conservadurismo subalpino, el afrancesamiento saboyano. Al legalismo del norte se contrapone el sur, tradicional, de observancia social, de vibrante influencia aragonesa: Nápoles, Sicilia, Cerdeña. Ambas mitades están equilibradas por el Lacio y la ciudad de Roma, doble sede del mundo occidental: la civil y la religiosa, la estatal y el Vaticano.
Y este choque, aún sangrante en la historia y en la sociedad italiana, en gran medida, por el clasismo existente, el menos, hasta el siglo pasado, sabe recogerlo muy bien Andrea Camilleri en esta novela, escriba bajo el enfoque tradicional de la novela negra, que Salamandra ha publicado en castellano.
La trama es sencilla. Siglo XIX, para tomar algo de distancia histórica y que nadie salga enardecido después de la lectura de este libro, y un protagonista, Giovanni Bovara. Su llegada, colmada de continua tensión, permite a Camilleri demostrar una vez más que maneja bien el pulso de la narrativa del género: Bovara es doblemente extranjero dentro de su patria. Viene enviado por un gobierno que se percibe impuesto y, además, llega para agitar el avispero. El funcionario desconoce la norma social, la férrea jerarquía y las costumbres, más que cuestionables, que rigen el sur del país.
Representa el hombre de paz que porta la unidad. Sin embargo, esa unidad, que se lidia como si todos los personajes jugaran una lenta y muy equilibrada partida de ajedrez, se rompe en el momento en que Bovara tiene la mala suerte de presenciar un asesinato. Es la excusa perfecta para que los terratenientes y los mafiosos demuestren a aquel intruso desafiante que Vigàta no necesita ser gobernada por esos otros italianos señoritingos de las lejanas tierras septentrionales.
El sentido del humor, un clásico en Camilleri, adquiere una relevancia vertebral en los momentos de zozobra del protagonista. Hay deseo, hay amor, hay desdicha, hay un asesinato que debe investigarse y hay un hombre sobre el que recae la duda. Porque, al final, ¿qué pesa más? ¿La palabra de la comunidad, su ley no escrita, la norma que emana del silencio colectivo, o las leyes penales, con su división de poderes y su formalismo administrativo?
Gracias a la variación tonal entre los momentos de distensión humorística, también satírica, y la propia seriedad de la narración, la novela fluye con suavidad argumental, con gran linealidad y capacidad para seducir al lector, muy en especial al amante de la novela negra y policíaca.
Ante El movimiento del caballo, el amante de ambos géneros encontrará un cliché y una obra novedosa. Por un lado, el uso, ya común, de la Italia sureña, tradicional, mafiosa y oscura. Por el otro, una novela que regenera, en su límite, el tropo, y que es capaz de ofrecer una narración de muy grata lectura que habrán de disfrutar, si se atreven a iniciar este viaje junto al inspector (de Hacienda) Bovara.