Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 02 de enero de 2009
Diríase que la islamización integrista y radical sigue avanzando sin pausa en todas las áreas musulmanas del mundo y en otras muchas de tradición católica (la inolvidable Oriana Fallaci dixit et demonstravit en varios libros insoslayables). Ahora los talibanes han decidido que se cierren todos los colegios de niñas en los distritos fronterizos de Pakistán con Afganistán, y fundamentalmente en las regiones de Swat y Waziristán. Y parece que no lo dicen en broma. Advierten a los padres de las niñas y a los profesores que si siguen abiertos colegios tanto públicos como privados que imparten educación a las niñas pakistaníes los destruirán con bombas, no haciéndose responsables de las horrendas consecuencias en el supuesto de que no se haga caso a esta prohibición talibanesca de enseñar a las niñas. Este anuncio se ha hecho público en muchas mezquitas de Pakistán, y en una radio ilegal en FM, a través del Mullah Maulana Fazlullah, quien además pronuncia interminables sermones contra Occidente y sus valores. Se ve que es otro amigo del Diálogo de Civilizaciones.
El sabio y barbígero Mullah Fazlullah, cubierto sin duda con la kefiah, sostiene desde su emisora que “la educación de las niñas se opone a las enseñanzas islámicas y extiende la vulgaridad en la sociedad”, cuando precisamente uno de los hadices más conocidos del Profeta es aquel que dice: “Instruirse es deber de todo musulmán y de toda musulmana”. Se ve que el Mullah Fazlullah es muy selectivo con la tradición islámica.
La verdad es que la población ha tomado muy en serio las amenazas de este clérigo radical, máxime cuando se han quemado ya cien escuelas de niñas en la región de Waziristán, e incluso algunos edificios que el año pasado albergaban estudiantas ya se han convertido en madrassas o seminarios de clérigos islámicos. Millares de chicas y centenares de profesoras han abandonado ya los colegios como resultado de estas serias amenazas, y de cierta pasividad siniestra del gobierno de Islamabad. Por si fuera poco, en muchos pueblos fronterizos se ha llegado a establecer la “Sharía” o ley islámica, nombrándose tribunales e introduciéndose ejecuciones públicas contra aquellos que la contravienen. Hace exactamente un mes ( 29 de noviembre de 2008 )un clérigo moderado progubernamental fue brutalmente torturado y asesinado, y su cuerpo colgó de una farola en Mingora, la principal ciudad de Swat ante los impasibles ojos del ejército pakistaní y la administración local.
Y la verdad es que no entendemos que las feministas de Occidente – salvo la mencionada Oriana Fallaci – no denuncien de forma más palmaria estos brutales conculcamientos de los Derechos Humanos. Y es que parecen muchas de ellas no soportar la familia católica y tradicional, que lleva a sus hijas a los Institutos abrigando el anhelo de que hagan una carrera universitaria, y mejoren con ello y hagan más justa y equitativa la sociedad en general, pero digieren perfectamente sus estómagos las mayores aberraciones morales que sufren “las otras” mujeres del mundo musulmán radical. Y ello las calificaría más como fanáticas anticatólicas que como feministas “sensu stricto”. En cuanto que como ha enseñado Francia al mundo “la libertad es indivisible”.
Y lo peor de todo es que este radicalismo religioso perjudica en primer lugar y desprestigia al propio Islam, del mismo modo que la inquisición desprestigiaba a la Iglesia. Es por ello que Renan, tomando la parte por el todo, llegó a escribir que “atribuir al Islam los méritos de Averroes sería como atribuir a la Inquisición los méritos de Galileo”. Y más sectariamente Diderot escribió a Madame Volland: “El Islam es enemigo de la Razón”. Pero el Islam no es, desde luego, los absurdos que predica el Mullah Fazlullah a través de las ondas, sino que también es un humanismo.
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