Tras una prolongada ausencia del Teatro Real, la Alvin Ailey American Dance Theater ha regresado al coliseo madrileño con un programa que recorre distintas vertientes de su lenguaje coreográfico. La extraordinaria interpretación de Jacquelin Harris en Cry, uno de los momentos de mayor intensidad artística de la velada inaugural, despertó el entusiasmo del público.
Bajo la dirección artística de Alicia Graf Mack, la Alvin Ailey American Dance Theater presentó ayer cuatro coreografías que pusieron de manifiesto la versatilidad técnica y expresiva de sus bailarines, capaces de transitar entre lenguajes de muy distinta naturaleza.
Con música de Duke Ellington, Night Creature, de la que se interpretaron los movimientos segundo y tercero, abrió la velada con una escritura coreográfica de marcada inspiración jazzística, en la que la vivacidad rítmica, la amplitud de los desplazamientos y la alternancia entre formaciones grupales e intervenciones individuales configuraron un universo de carácter festivo, sostenido sobre una coordinación precisa del conjunto. Merecen especial mención Sarah Daley-Perdomo y Solomon Dumas, cuyas intervenciones contribuyeron a imprimir a la pieza una expresividad particularmente enérgica y desenvuelta. Frente al temperamento más lírico e introspectivo que mostraría posteriormente Jacquelin Harris en Cry, ambos intérpretes destacaron por una ejecución más expansiva, apoyada en la energía corporal, la precisión rítmica y una notable proyección escénica.
Muy distinta fue la naturaleza de Cry, creación de Alvin Ailey de 1971, concebida originalmente para Judith Jamison y dedicada a las mujeres negras, especialmente a las madres. Interpretada por una magnífica Jacquelin Harris, la pieza constituyó el momento de mayor intensidad dramática de la velada. De temperamento esencialmente lírico y dotada de una extraordinaria fuerza expresiva, la bailarina estadounidense desplegó una interpretación en la que el dolor parecía surgir del propio movimiento, sin necesidad de subrayados gestuales ni de recursos teatrales añadidos. Su danza, de fraseo fluido y movimientos cuidadosamente articulados, transmitía el sufrimiento de una mujer en la que confluyen la maternidad, la pobreza, el trabajo y el peso de una existencia marcada por la adversidad. Alternando momentos de recogimiento con otros de mayor amplitud gestual, Harris construyó una progresión emocional que culminó con el entusiasmo del público.
Tras el primer descanso, Grace, de Ronald K. Brown, introdujo un lenguaje coreográfico diferente, marcado por la influencia de las danzas de África occidental y por una acentuación musical particularmente incisiva. Estrenada en 1999, la obra explora la espiritualidad y la experiencia comunitaria mediante una sucesión de movimientos en los que las inflexiones del torso, perceptibles incluso durante los saltos, la flexión de las rodillas y la reiteración de determinados impulsos rítmicos adquieren especial protagonismo. La alternancia entre el blanco y el rojo del vestuario contribuyó a reforzar la dimensión plástica de una coreografía que pone de manifiesto esa facultad singular de la danza de hacer visible la música, confiriendo forma y expresión a sus ritmos, silencios y matices.
Como cierre de la velada, Revelations, creada por Alvin Ailey en 1960 y convertida en la obra más emblemática de la compañía, devolvió al escenario el universo espiritual que constituye uno de los fundamentos esenciales de su legado. Articulada en tres grandes secciones —Pilgrim of Sorrow, Take Me to the Water y Move, Members, Move—, la coreografía traza, a través de los espirituales negros, el blues y el góspel, un recorrido de marcada dimensión ritual que, partiendo del sufrimiento y la súplica, desemboca en una expresión colectiva de esperanza y celebración de la vida. La estrecha correspondencia entre música, gesto y composición espacial sostiene un desarrollo coreográfico que, desde la gravedad contenida de sus primeros movimientos hasta el carácter jubiloso del desenlace, dota de notable eficacia teatral a esta obra.
La presencia de la Alvin Ailey American Dance Theater en el Teatro Real se completará con un segundo programa, previsto para los días 15, 17 y 18 de octubre, que incorporará composiciones de Johann Sebastian Bach, Maurice Ravel y Gustav Mahler, sobre las que se construyen, respectivamente, Blink of an Eye, de Medhi Walerski; Song of the Anchorite, de Jamar Roberts, y Many Angels, de Lar Lubovitch, mientras que A Case of You, de Judith Jamison, incluye la música de Joni Mitchell en la interpretación de Diana Krall. El programa concluirá nuevamente con Revelations.