Opinión

Acerca de la formación de la cultura individual

TRIBUNA

Pedro Gago | Sábado 17 de octubre de 2026

La educación y la instrucción oficial una vez politizadas por el ideologismo dominante, apenas sirve para que la persona consiga una formación adecuada para hacer crecer su vida personal y participar activamente de la vida comunitaria. Aunque naturalmente existe diferencias entre las etapas de preparación, la variedad de centros educativos, las personalidades del profesorado y del alumnado, la buena o mala gestión administrativa, los recursos disponibles, etc., en general, se ha impuesto la expendeduría burocrática que desarrolla el dicho: hacer que enseñamos y parecer que aprendemos. En la práctica consiste en que el alumno pase de curso y reciba la titulación exigida que le habilitará para entrar en el mercado laboral. Al sistema educativo oficial lo que más le importa es que los alumnos asimilen los contenidos doctrinarios y construyan una mentalidad con el conocimiento más inauténtico, que servirá para abrazar el simplismo ideológico, con la consecuencia de que el individuo quedará incapacitado para tener una cultura que le sirva para penetrar en la realidad. Una aceptable educación requerirá llevar a cabo un proceso de aprendizaje que facilite al individuo comprender lo circundante e interiorizar la cultura, siendo preciso que las partes más importantes del conocimiento las haga suyas, las interiorice, incluso involuntariamente. En las diversas fases por las que tiene que pasar la persona para su desarrollo integral, la educación adquiere la mayor importancia para penetrar en el mundo de las ideas y en la realidad física, y en la que en algunas o muchas de las partes que la componen las aprehenderá e interiorizará hasta tomar posesión de ellas. No todo el conocimiento que se deposita en el individuo queda como cultura auténtica, puesto que pocas veces la cognición será interiorizada, lo que no es óbice para que el conocimiento inauténtico (García Morente) sea muy útil y necesario y con el cual se podrá compartir.

La educación obligatoria, más o menos planificada por los organismos oficiales debería ser un estímulo principalísimo para que las personas puedan interiorizar el saber, y con la cual habrá de adquirirse una cultura personal, consistente en intentar descubrir no sólo la utilidad de las cosas, sino el sentido de la vida –hoy olvidado por la extensión del nihilismo--. Un supuesto que sólo será posible si la persona llegase a tener una buena formación, y se abriera la posibilidad de que brotasen sus potencialidades, alcanzando el grado de necesidad porque el hombre siempre se encuentra en el proceso de estar haciéndose. Este es el motivo por lo que se utiliza la educación para disponerse a ser para sí y los demás, ya que su ser social le obliga a convivir y a proyectarse hacia los otros. La persona no podría llegar a ser sin enlazarse con la realidad que le circunda, donde encuentra su posición, a partir de la cual los demás le identificarán.

Si bien cada uno ha de vivir con constancia para sí, aunque pretenda negarse a sí mismo, lo ha de hacer con los otros y, en una parte determinable, para los demás con los que proyectará los lazos de solidaridad comunitaria, aunque sea abstractamente. Una vida que solo trate de sacar partido de sus semejantes será una vida desgastada por el interés, sin el amor, la amistad y el compañerismo. Si cada uno tratara de hacerse sólo para sí, sería el ejemplo de una actitud de puro egoísmo quedando excluida la entrega al otro, lo que haría imposible construir el propio yo en plenitud.

Una cuestión clave será cómo a través de la educación el individuo podrá enriquecer su identidad. Todo individuo posee una personalidad que cambia por diversos motivos, ya que la disposición a ser impide mantener la identidad siempre de la misma manera. A la educación le incumbe ser el principal medio para tomar conciencia de que se debe progresar en el camino pedregoso del hacerse. El aprendizaje no debería detenerse, ya que el hombre está en una constante construcción de sí mismo, aunque según las circunstancias y atendiendo a la propia disponibilidad del sujeto, abarcará un campo más o menos amplio.        

Motivo por el que es preciso situarse ante la cuestión de saber qué cultura se quiere enseñar a los aprendices, y cómo darle el conocimiento necesario para que pueda encauzar la vida. La formación educativa ha de servir para que cada uno descubra la realidad, blindándose de la tergiversación y el falseamiento que desde diversos puntos servirán para ocultar la realidad. La formación de la personalidad implica la exigencia de que la educación sea destinada a que la persona consiga el control sobre su propia vida, con el menor sometimiento al ideologismo. Igualmente habrá de llegar a crear el espacio mayor de dominio del individuo, para que la sociedad y las instituciones le manipulen lo menos posible. Motivo por el que la educación oficial habrá de ser el instrumento menos coactivo y el que más debería estar preservado de las ideologías y del institucionalismo soterradamente violento y torcido del poder ideológico, cuya pretensión será suplir el conocimiento de la verdad por la creencia en la ilusión.

Una acertada educación, junto al saber profesional, servirá para que la persona pueda apropiarse del conocimiento imprescindible que le permita poseer los recursos suficientes con los que moverse por los ámbitos de la vida. El conocimiento habrá de estar orientado por los maestros del saber para que el educando pueda llegar a la verdad por sí mismo, siendo imprescindible que esté asentado en el aprendizaje moral, tanto de la moral individual –si no carecería de sentido la idea de perfección-, como de la moral social, indispensable para la convivencia comunitaria. Quedaría excluido que el individuo viva para el Estado o ser siervo de alguien, de un partido, un sindicato, una gran corporación… La experiencia del siglo XX demuestra que si el hombre se somete a una educación colectivizada e igualitaria se le impedirá el desarrollo personal y la libertad para ser, al tener que someterse a una socialización forzosa y a la percepción de una falsa realidad construida por los intereses del poder. Siempre habrá que tener presente que la educación colectivizada la utiliza el poder político para llevar al individuo a la mayor enajenación de sí mismo.