En su desesperación ante una probable derrota en las urnas, Pedro Sánchez y sus corifeos han puesto en marcha un plan para desatar la violencia en las calles como parte de su campaña electoral. Creen que así movilizarán a la izquierda y conseguirán que vote masivamente el 29-N para impedir un Gobierno de “la derechona”. La acampada en la Puerta del Sol, jaleada desde Moncloa y avalada por su fanático delegado, sólo ha sido el preámbulo de las algaradas que ya llenan las calles de toda España. Como anunció la gritona Manuela Bergerot en la Asamblea de Madrid, “no habrá paz en las calles”. Menos aún, debió pensar, si el PP llega a gobernar.
Este lunes, sin ir más lejos, los radicales piquetes de la huelga de estudiantes han boicoteado un acto de Isabel Díaz Ayuso en el Palacio de Santoña. Han acosado a la presidenta de Madrid con una inusitada violencia, por lo que se vio obligada a resguardarse en el edificio hasta que pudo salir en su coche. También la consejera de Educación de la Comunidad, Mercedes Zarzalejos, tuvo que suspender un acto en Vallecas al verse rodeada por las algaradas de los huelguistas.
Se trata, en realidad, del terrorismo callejero que despliega Pedro Sánchez como parte de su campaña. Con el cinismo y la irresponsabilidad que le caracteriza, ha puesto en pie de guerra a los activistas de la izquierda para agitar a sus hordas con el grito guerracivilista de de “¡A las barricadas!”, el que coreaban las tropas republicanas durante la contienda. Con la estratagema de hacer creer a la opinión pública que los partidos de la derecha van a pisotear los derechos humanos y arruinar el falso “estado del bienestar” si llegan al poder.
Con esa bandera, jalea las manifestaciones, algunas multitudinarias, incluso violentas, del llamado Sindicato de Inquilinas, que ni es sindicato ni son inquilinas; en todo caso, okupas. Un grupúsculo de activistas de extrema izquierda, subvencionadas por el propio Pedro Sánchez para que le hagan el trabajo sucio de incendiar las calles.. Y con esa coartada, han animado a los sindicatos CCOO y UGT para que convoquen una huelga general contra la Oposición, algo inaudito, por ser el Gobierno el único responsable de la crisis económica o, en este caso, de la vivienda, después de 8 años en el poder.
Como ha anunciado el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, la patronal va a impugnar la convocatoria de paros auspiciada por la crisis de la vivienda, porque "se ha trufado de temas laborales para intentar que parezca legal, pero no es más que una huelga electoralista". Y ha exigido que "no se incendien las calles y que se respete el derecho a trabajar .En la democracia se gana o se pierde, pero no vale: si no gano, la monto".
Pues, como decíamos, eses es el objetivo de las algaradas. Agitar aún más la polarización de la sociedad para intentar amedrentar a la opinión pública con “la llegada del fascismo” e impedir así una victoria de la derecha. Y, en caso contrario, azuzar la violencia que inundará las calles de toda España en el caso de que el PP pueda gobernar, muy probablemente con VOX. Pero se trata de otro error, tan torpe como aprovechar en su campaña la muerte de Maricarmen. Pues, como demuestran todas las encuestas independientes, salvo los radicales más fanáticos, la mayoría de españoles sabe que la crisis política, institucional y económica ha sido provocada por el Gobierno que, en el hipotético caso de seguir en el poder, “hasta más allá de 2027”, la Constitución terminaría de ser desguazada y la democracia descuartizada por otro monstruo Frankenstein que instauraría una dictadura totalitaria comandada por Pedro Sánchez y sus socios