Ni siquiera el rejonazo que ha asestado el Tribunal Constitucional del socialista Conde-Pumpido al pucherazo de la ley de nietos al rechazar el recurso del defensor del Pueblo es suficiente para que Sánchez renuncie a acaparar los votos de los nietos, tataranietos, amigos y primos terceros de los exiliados del franquismo; incluso de los descendientes lejanos de los españoles que simplemente se fueron de España a buscarse la vida. El PSOE tenía puestas todas sus esperanzas en acaparar cientos de miles de votos de los nacionalizados fraudulentamente por los consulados dirigidos por Moncloa. El Gobierno parece estar dispuesto a saltarse a la torera las decisiones de la Justicia para evitar ser aplastado el 29 de noviembre. Y, lo peor, se barrunta que impugnará los resultados electorales y desatará la violencia en las calles si no se admiten las papeletas de allende los mares. Como si los iberoamericanos que ni han vivido, ni siquiera visitado España y que jamás han contribuido en nuestro país tengan ese “derecho sagrado”.
El Gobierno no acata, ni acepta las resoluciones de la Justicia. Moncloa insiste en que “una medida no puede suponer la suspensión masiva del sufragio sin una sentencia firme". Afirma que "el Gobierno continúa defendiendo que todos los nacionales españoles tienen derecho a voto, el derecho más sagrado en democracia, tal y como establece la Constitución". O lo que es lo mismo. No sólo se resiste a acatar la resolución del Supremo ni siquiera el rechazo del Constitucional al recurso de un defensor del pueblo que ha aparecido en carne mortal tras años callado y desaparecido. Está decidido a seguir recolectando y tramitando votos de todo aquel que se acerque a los consulados a solicitar el pasaporte sin aportar las pruebas pertinentes para tener derecho a ser nacionalizado y a formar parte del censo de un país lejano y, en muchos casos, desconocido. El Gobierno sigue adelante con su fraudulento pucherazo por ser la última tabla de salvación que puede impedir que Sánchez y sus palmeros se ahoguen en las urnas.
Pero lo más inquietante de todo puede estallar la misma noche del día 29 de noviembre si el resultado es el esperado. Si Sánchez es arrollado por las urnas. Entonces, las algaradas de estos días se multiplicarán con mayor intensidad por todos los rincones de España. Los radicales de la izquierda, azuzados por Moncloa, se lanzarán violentamente a incendiar las calles como si la derecha hubiera ejecutado un golpe de Estado. Las turbas de los radicales de la extrema izquierda, o no tan extrema, imitarán el asalto al Capitolio de las hordas de Trump el 6 de enero de 2021, el lamentable intento de autogolpe del ahora presidente de Estados Unidos. En realidad, todas las manifestaciones de estos días y hasta la propia huelga general convocadas por los sindicatos del Gobierno no son más que un ensayo general de lo que ocurrirá si Núñez Feijóo llega a La Moncloa.
No es exagerado vaticinar que Sánchez no acatará el resultado. Intentará que sus turbas siembren de violentas algaradas España entera en su burdo intento de anular el resultado de las elecciones. El presidente del Gobierno es consciente de que si abandona Moncloa puede terminar sentado en el banquillo de los acusados. Y está dispuesto a morir matando. Matando, incluso, la propia democracia.