Opinión

Francia-Estados Unidos: encrucijadas

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 22 de octubre de 2026

Los motines en Francia o la campaña electoral yanqui hacia sus elecciones son dos caras de una misma moneda. Están ante encrucijadas. La decisión que se tome será mala. No hay mucho margen. Cada episodio impreca a la realidad.

Las protestas en Francia –que han degenerado en imágenes alucinantes– no han de medirse de la forma tan mediocre y sosa como lo hizo la extraviada Le Pen, palabras más palabras menos, diciendo que los buenos franceses no cometen esos desmanes. No es cosa solo
de ser buenos franceses, si bien ya sabemos que para ella un francés de cepa o fue parido en la Torre Eiffel o no es francés, porque así es de cortita la seño. Es otra cosa: ¿el costo de vida está imposible? ¿eso de ser Europa a todo tren, la Europa rica,
el espejismo del migrante y de uno que otro desaprensivo, no da para más? ¿el espejismo de africanos y latinoamericanos, es inasequible? Y de refilón la queja del estudiantado. Entonces la cosa no es de buenos o malos franceses, buenos o malos europeos o no
solo eso y por mucho. Se lo he dicho hace ya muchos años en esta su columna leía en ambos hemisferios, que donde comen 87 no comen 953, aunque romanticemos la migración. Y que la viabilidad de un modelo como el europeo depende de mano de obra joven o no será.
La realidad es terca.

Si la causa de la causa, es causa de lo causado, la encrucijada es otra: ¿es sostenible una economía de población avejentada que necesita migrantes y no los quiere a su vez? Y no se integran ni se les integra y algunos ya van en la tercera generación y ni así,
no se les está integrando –amén de si ellos quieren estar, pero no integrarse, que esa es otra y también los hay– poniendo no a Francia, a Europa en la encrucijada de qué hacer si las cuentas hace ya tiempo que no les salen.

Desde América, lo he dicho siempre, no sé si me compensa el panorama europeo. De protestas, migración desbordada a ser "Eurabia". Para turistear, es sensacional. Quizá por eso, jamás me plantee quedarme después de mis viajes de placer o estancias académicas,
allá. Justo porque no me cuadraba ni me cuadra cómo sostener un modelo de bienestar si este no se apoya en población joven e integrada y que acabaría generando tremendas tensiones sociales y ya las estamos viendo y son cada vez más y más inocultables y no
anecdóticas.

Francia, y entiendo, buena parte de Europa, debe de replantearse dónde está parada si quiere respuestas acordes no únicamente a sus necesidades, sino a sus deseos más caros. La desgastante estira y afloja en los temas migratorios, con restricciones, bayas,
censuras, persecuciones, deportaciones, discursos de odio crecientes, el Mediterráneo cual cementerio acuático, contingentes desbordados y el racismo al alza y expresado en partidos de ultraderecha antiinmigrantes, rijosos y camorristas no es un modelo sostenible
que conduzca a la paz. Ni atractivo o sugerente. Que lo vea quien tenga ojos.

Si quiere sostener su modelo económico, Europa necesita mano de obra joven, calificada y no. De ambas. Si esta no la aportan los oriundos, han de traerse de fuera y será reconociendo derechos e integrando. Sí, no se me escapa que haya quien no quiera integrarse
y entonces la bolita está en su cancha: ya sabes a lo que vas, adáptate o no te muevas de tu sitio. Y sí, de lo contrario, se antoja difícil que no se encarezca más el costo de la vida, aunado a modelos económicos que más han primado la llamada "Europa del
capital" y no la de los derechos, como se denuncia.

Las protestas revelan severos errores de integración, la no movilidad social, medidas empobrecedoras, que comprometen la
grandeur francesa, pero también advierten que ni atendiendo per se los reclamos o que renunciara Macron, por sugerir "soluciones", nos recuerdan que lo menos grave sería elegir a la extrema derecha o la extrema izquierda. El problema es estructural
y quien tenga la solución que la aporte, porque urge. Culpar a alguien en concreto de este caos, es cada vez más evadir o desviar.

Mismo caso con los yanquis. Pueden votar ahora a los demócratas y no resolverán la crisis sistémica de su economía agotada y acuciante ni mejorarán los indicadores. Ya los eligieron antes de los republicanos para enderezar lo que antes los republicanos no mejoraron;
y ni unos ni otros pudieron y se pasan la bolita unos a otros ad infinitum hacia atrás y hacia adelante y siempre con nula solercia.

Una economía decadente, sobrecalentada, sobreendeudada y cada vez menos competitiva como la yanqui, no será en sus políticos decrépitos o imperialistas cerriles como los de ahora, donde se hallarán respuestas. Ni siquiera quedarse el petróleo iraní, pues su
modelo depredador y desperdiciador es el problema. Vidas a tope en economía irrefrenable, dispendiosa, aportando su cuota a la contaminación global –de combustibles fósiles a microplásticos, y no se les ve ganas de enmendar– intriga ¿qué no levanta la economía?
pues que venga otro, sin mejores resultados. Es evidente en dónde no está la solución. La encrucijada es falsa: elegir demócratas o republicanos. La buena sería cambiar un modelo degradado de capitalismo salvaje o seguir por ahí como si nada.

Y tirar de la manta si hablamos de presupuestos y calidad de vida, justo cuando Trump exige a Europa que pague mucho más por su propia defensa, ya que el paraguas yanqui tampoco pasa por los mejores momentos de financiamiento de tan ambiciosa empresa. Eran
muchos y parió la abuela. La economía yanqui no mejorará por hacer guerras. Esa fórmula está agotada, porque su problema es la deteriorada productividad estructural.

Rinconete: no puedo dejarlo pasar. La imbecilidad plena de Trump necea con cambiarle el nombre a Nuevo México. "No somos México" balbucea. Respondo: ni los mexicanos, Trump, afortunadamente, dicho con retintineo. Llamarlo Nueva América, ¡vaya desfachatez!
¡vaya rebuzno! No cabe la menor duda que excreta el nombre de México. ¡Qué se fastidie! Estaremos tan ganosos de que nos quiera el pelmazo, ese. Ya los neomexicanos le han respondido certeramente: que ni le pertenece Nuevo México y que mejor atienda los temas
torales, no tonterías como la que exige.