Prensas Universitarias de Zaragoza. Zaragoza, 2025. 350 páginas. 26 €. Libro electrónico: 13 €.
Por Carmen R. Santos
La joven docente, miembro del Grupo de Investigación en Literatura Contemporánea (GILCO) de la Universidad de Alcalá y coeditora, entre otras publicaciones, de la primera edición filológica sin censura de la novela Cacereño de Raúl Guerra Garrido (Akal, 2019) Cristina Suárez Toledano nos brinda un excelente ensayo, El señor de las letras. Carlos Barral, un editor contra la censura. cuya base es su Tesis doctoral defendida en la Universidad de Alcalá de Henares y dirigida por Fernando Larraz Elorriaga, que obtuvo la máxima calificación, Sobresaliente Cum Laude.
Su trabajo aborda una de las consecuencias del triunfo en la Guerra Civil del bando franquista que, como todos los regímenes dictatoriales, impuso una férrea censura. Esto tuvo, dejando aparte el horror y la destrucción que conllevó la contienda “incivil” -como con acierto la calificó Miguel de Unamuno- un lesivo efecto para la cultura y sus industrias culturales en nuestro país. La censura franquista, como bien resume Suárez Toledano, “fue el mecanismo encargado de controlar que las obras que se publicasen no atacaran la legitimidad del régimen ni los valores políticos, morales y religiosos sobre los que se fundaba”. Sin embargo, el propósito represor encontró resistencias que, de una manera u otra y con mayor o menor fortuna, intentaron esquivarlo.
Una de las más decididas oposiciones fue la protagonizada por el escritor y editor Carlos Barral (Barcelona, 1928-1989), quien estableció una serie de tácticas contra la censura, en muchas ocasiones muy imaginativas, convirtiéndose en un caso especialmente significativo elegido con tino por Cristina Suárez Toledano en esta iluminadora obra.
Tras los preceptivos agradecimientos y una introducción, se divide en varios apartados: la censura editorial en el último franquismo; la trayectoria editorial de Carlos Barral; los proyectos y catálogos editoriales de Carlos Barral; los expedientes de censura, donde conocemos los criterios morales, políticos… de los censores; las estrategias editoriales de Carlos Barral en un contexto represivo, para finalizar con las conclusiones; las fuentes y la bibliografía, y unos anexos, donde se recogen los catálogos de publicaciones de Seix Barral (1955-1969) y de Barral Editores (1969-1981), así como los llamados “catálogos invisibles” de ambos sellos, muy interesante recopilación en la que se consignan obras, manuscritos… que no vieron la luz o sufrieron mutilaciones.
También se ofrecen tablas, organizadas cronológicamente, de los autores y títulos que se alzaron con los premios literarios vínculados a Seix Barral -Biblioteca Breve; Formentor e Internacional de Literatura-, y a Barral Editores -Barral de Novela y Maldoror de Poesía-. Precisamente los galardones, en especial el Biblioteca Breve, fueron uno de los métodos de resistencia cultural. Por ejemplo, el Biblioteca Breve se otorgó en 1962 a La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa -hito en el boom hispanoamericano, en el que Carlos Barral desempeñó un papel decisivo-. y se publicó en 1963 tras un intenso tira y afloja de Barral para que pudiera aparecer con alguna modificación o tachadura.
Numerosas son las virtudes de El señor de las letras. Carlos Barral, un editor contra la censura. Entre otras, estudiar algo no suficientemente tratado: los márgenes de actuación verdadera del editor frente a la censura franquista, el análisis sistemático de la tarea de Barral como editor, y la no mitificación de su figura sin presentarlo como una suerte de héroe romántico, sin los pies en la tierra, sino como alguien con su punto de pragmatismo, posibilismo y habilidades negociadoras, combinando su deseo batallador, su profesionalidad y sus principios con una labor realista, elemento imprescindible para sacar adelante su meta de poner al alcance de los lectores obras de calidad.
La actitud de Barral nos recuerda a la del dramaturgo Antonio Buero Vallejo en el teatro de postguerra, que le ocasionó la embestida de radicales como Alfonso Sastre. Así Barral ejemplifica a la perfección la posición del editor “encargado de mediar entre creación y recepción, entre autores y lectores, entre obras y mercado”, como apunta Suárez Toledano.
En la propuesta de Cristina Suárez Toledano el rigor y el manejo de nutridas fuentes primarias y secundarias en distintos planos, y tanto escritas como orales, muchas de ellas inéditas, no entorpece un estilo tan preciso como ágil, alejado de la a veces aridez académica que nos proporciona una gratísima lectura. Hoy, afortunadamente, no existe una censura oficial contra la que tengan que luchar los Carlos Barral actuales. Pero el wokismo y lo políticamente correcto intentan establecer la suya con cancelaciones a quien no comulga con sus presupuestos.