Editorial

Impugnar el resultado electoral del 29-N, la última treta que urde Sánchez para permanecer en La Moncloa

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Martes 3 de noviembre de 2026

Después del mortal accidente ferroviario de Urda, y por indignante e inmoral que sea, a Pedro Sánchez sólo le preocupan las consecuencias electorales de la tragedia ferroviaria que ha desbaratado la campaña del PSOE, que ha dado la puntilla al Gobierno. Hasta Pedro Sánchez teme que el último accidente del AVE sea su tumba política. Es un zombi, un cadáver político que busca resucitar como sea. Pero las últimas encuestas son rotundas: el Partido Socialista se ha hundido definitivamente.

Y ese intento de zafarse de la realidad, de encontrar una solución ante la catástrofe electoral que se avecina resulta inquietante. Porque ni las manipulaciones de Moncloa y Ferraz, ni la feroz propaganda del ejército mediático sanchista pueden acallar el clamor de los españoles, la indignación por los desatinos de un Gobierno que ha sido incapaz de gestionar con acierto y decencia una sola crisis a la que se ha enfrentado. Aún peor, que por acción u omisión las ha provocado, como los accidentes ferroviarios en los que han perdido la vida más de cien personas.

Y ese más que previsible batacazo electoral solo tiene una solución para permanecer en el poder: impugnar el resultado electoral por la decisión del Tribunal Supremo de impedir votar a muchos de los nacionalizados, por eliminar “el derecho al voto de cientos de miles de españoles” al suspender la ley de nietos. Por el “lawfare” del Alto Tribunal. Todavía resulta prematuro vaticinar esa decisión. Pero nunca hay que descartar que Pedro Sánchez haga su última pirueta política y se invente una medida tan extrema.

 Bastaría con azuzar a los activistas de la extrema izquierda para que incendien las calles de España, como han comenzado a hacer. Multiplicar las algaradas en todos los rincones de nuestro país con protestas contra “el fascismo que llega”. Sembrar el caos y desbaratar la seguridad ciudadana con la excusa del “pucherazo de la derecha”. Extender por doquier la kale borroka con la ayuda de Bildu. Crear un estado de alarma general que, incluso, le permitiría decretar el estado de excepción. 

Ahora son meras conjeturas. Rumores que circulan por los pasillos de La Moncloa y los corrillos políticos. Pero, si como parece, no va a poder ejecutar el pucherazo de la ley de nietos por las trabas del Tribunal Supremo, no va a poder colar papeletas falsas ni por Correos ni detrás de las cortinas como intentó en el Comité federal del PSOE. Si su derrota es tan irremediable e implacable como asegura hasta Félix Tezanos, habrá que estar atentos. El presidente del Gobierno es capaz de todo. Hasta de asestar una suerte de golpe (o autogolpe) de Estado al impugnar los resultados del 29-N y, si la Junta Electoral lo permite, aplazar sine die las elecciones generales con tal de permanecer en La Moncloa “hasta más allá”.

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