Opinión

El Oro a Moscú – las Armas a Madrid

TRIBUNA

Boris Cimorra | Sábado 7 de noviembre de 2026

Hace ya 90 años, justo en estas mismas fechas (de finales de octubre – principios de noviembre, pero del año 1936), se ha realizado una de las “transacciones bancarias” entre los dos Estados soberanos, jamás vista en la historia moderna. Se trata de la entrega por el Gobierno Republicano de España de las reservas de oro de su país (510 toneladas), guardadas en el Banco de España, a una potencia extranjera – la Unión Soviética –, para lo cual el oro español había sido trasladado e ingresado en el Banco del Estado soviético (GOSBANK), situado en Moscú, a 4.000 kilómetros de la madrileña Plaza de Cibeles. Esta “operación” entró en los anales de la Historia contemporánea bajo el nombre del “Oro de Moscú”.

He estudiado a fondo  esta “operación” y voy a contar brevemente cómo y porqué ella tuvo lugar, ya que tiene todos los rasgos de una novela policiaca, cuando los hechos reales superan la imaginación. De hecho, he escrito dos novelas sobre esta recambolesca historia, cuyos títulos pondré al final de este artículo. 

El motivo principal del Gobierno republicano de trasladar las reservas del Banco de España desde Madrid a otro lugar más seguro fue impedir que, en el caso de que Madrid se rindiera bajo el asalto de las tropas franquistas, el oro cayera en manos de los sublevados. Con ello habría caído no solo la capital española, sino el propio Gobierno, que sin el dinero, que representaba el oro de las reservas, no habría podido financiar la guerra del ejército republicano contra las tropas “nacionales” bajo el mando del general Franco. 

Entre todos los posibles destinos a dónde se podría enviar las toneladas del oro español – la vecina Francia, Suiza o algún otro país  europeo de la órbita socialista – finalmente fue elegida la muy lejana Unión Soviética. Por varias razones. La principal fue que la mayoría de los países europeos, que firmaron en agosto de 1936 “El Pacto de No intervención” en el conflicto español, se obligaban a no vender cualquier material de carácter militar a ninguno de los dos bandos enfrentados en la guerra civil.

El Gobierno francés también había firmado el Pacto. Suiza no, pero por su estatus de un “país neutral” tampoco podía hacerlo. Por tanto, enviar el oro a estos países más cercanos y luego no poder utilizar el oro depositado en el banco francés o el suizo no tenía sentido para el Gobierno republicano.

Curiosamente la URSS también había firmado el Pacto, pero su Gobierno estaba dispuesto a vulnerarlo, discreta e encubiertamente. Y lo hizo saber a Madrid a través del enviado especial de Stalin, un experimentado diplomático soviético, Marcel Rosenberg. El Caudillo soviético lo nombró, a finales de agosto de 1936, embajador de la Unión Soviética ante la República española. 

Rosenberg era un destacado diplomático, con amplia experiencia en el terreno internacional. Antes de ser elegido por Stalin para desplazarse “urgentemente” a Madrid, estaba ocupando el muy relevante puesto de Representante de la URSS ante  la “Sociedad de Naciones” (una especie de la ONU de la época). 

Stalin tenía prisas, ya que las tropas del general Franco rápidamente se acercaban a las puertas de Madrid y el oro del Banco de España corría un serio riesgo de caer en las manos de los militares rebeldes, dejando al Gobierno Republicano sin fondos para financiar la compra del armamento y todo tipo de material de guerra que necesitaba el ejército republicano para combatir a las tropas  “nacionales”.

   Para el dueño del Kremlin, la caída de la República significaría un revés en su política de confrontación en la palestra internacional con Adolf Hitler y, especialmente, en lo que se refería al conflicto español, ya que Alemania había tomado clara y abiertamente el partido a favor del bando franquista, mientras la URSS, no tan visible y descaradamente, a favor del Gobierno Republicano. 

Berlín empezó ayudar a las tropas sublevadas del general Franco, prácticamente, desde el primer día del levantamiento militar, el 18 de julio de 1936, lo que había permitido a las tropas rebeldes en tres meses y medio llegar hasta Madrid (a principios de noviembre), preparando el asalto final. Al principio, en el Kremlin esperaban que el Gobierno Republicano pudiera aplastar la rebelión y no necesitaría una ayuda militar desde el exterior. Por ello, la URSS, al principio de la rebelión militar, se limitaba a expresar su solidaridad con el pueblo español en su lucha contra el fascismo internacional, condenando el Golpe Militar contra el legítimo Gobierno español. 

Pero, a finales de agosto, Stalin ha visto que el levantamiento  militar se estaba convirtiendo en una guerra civil y que el Gobierno de la República necesitaba una ayuda militar y cuanto antes mejor. De allí las prisas del Kremlin en ofrecer la ayuda soviética al Gobierno “hermano” de Largo Caballero, el “Lenin español”. 

Hay una curiosidad, que poca gente conoce. A pesar de que en España, en febrero de 1936, había llegado al poder el social-comunista Frente Popular, entre España y la URSS, la ciudadela del Comunismo Mundial, prácticamente, no había relaciones diplomáticas (no hubo embajadores ni en  Moscú ni en Madrid). Fueron suspendidas en 1918, cuando España había retirado a su embajador de la capital rusa en señal del no reconocimiento al Régimen Bolchevique establecido en la ex Rusia de los zares.  Pues, con el envío del embajador soviético Marcel Rosenberg a Madrid y luego del embajador español Marcelino Pascua a Moscú, las relaciones diplomáticas entre ambos países han sido reanudadas. 

Ahora se podía empezar a realizar el plan estratégico de Stalin: ayudar al gobierno social-comunista de la Republica en su guerra contra la sublevación militar “fascista”, apoyada por Hitler y Mussolini, para demostrar a todo el mundo que la Rusia comunista siempre estaría del lado de los países donde gobiernan los partidos que defienden los intereses de los trabajadores y los “parias de la tierra”.  

Pero hubo un matiz en el plan, al que no se daba ni más mínima publicidad, sino todo lo contrario, se lo guardaba en el máximo secreto: Stalin no estaba dispuesto a financiar la ayuda militar y económica a España republicana con los fondos propios. El Gobierno republicano debería haber corrido con todos los gastos y por adelantado. Para ello, el oro de las reservas españolas, debería haber sido depositado en el Banco Estatal soviético, como una garantía del cobro por esta ayuda, que según los cálculos de los expertos militares soviéticos podría alcanzar unos cuantos cientos de millones de dólares norteamericanos. 

Por tanto, las 510 toneladas de oro de las reservas del Banco de España (las cuartas reservas en el ranking mundial), equivalente a 520 millones de dólares de la época y a 12.000 millones de hoy, servirían de la mejor garantía de que Moscú cobraría con creces por su ayuda “fraternal al pueblo español en su lucha contra el fascismo internacional”. 

Pues, ahora, una vez restablecidas las relaciones diplomáticas con España, Stalin podía empezar a llevar su maquiavélico plan a la práctica. De eso se ocuparían tres figuras claves, que habían llegado a Madrid en las mismas fechas. 

Marcel Rosenberg, el ya citado embajador: su misión era convencer a la cúpula del gobierno republicano (a su propio presidente, Largo Caballero) de que habría que desplazar el oro de las “reservas” españolas a Moscú para su mejor custodia, ante el peligro de que tan valioso tesoro pudiera caer en manos de los sublevados si ellos consiguen tomar Madrid. 

Artur Stashevskiy, el Consejero Comercial de la recién establecida Embajada soviética en Madrid, un agente de la policía secreta soviética, con el pasaporte diplomático. Su “objetivo” fue el Ministro de Hacienda, Juan Negrín, bajo cuya responsabilidad directa se encontraba la Dirección General del Tesoro, o sea, las reservas del Banco de España. 

Alexander Orlov, uno de los mejores agentes secretos soviéticos, recientemente enviado a España para dirigir la red del espionaje local, quien se ocuparía directamente del traslado “físico” de las reservas de oro español desde Madrid a Moscú, en todas sus etapas dentro del territorio español hasta su salida del Puerto de Cartagena, en los buques mercantes soviéticos, rumbo a la URSS. (Más adelante comentare todos los detalles de esta logística “dorada”). 

Los tres emisarios de Stalin cumplieron a perfección con sus tareas, con lo cual, la operación “oro” fue llevada a cabo en algo más de dos meses, desde que el nuevo embajador soviético, Marcel Rosenberg, fue enviado a Madrid, a finales de agosto de 1936, hasta que el cargamento con 510 toneladas de oro español llegó a Moscú, el 6 de noviembre de 1936.  ¡Un éxito fenomenal!

Hay que decir que las autoridades españoles, a todos los niveles, estaban colaborando plenamente con los citados cabecillas soviéticos encargados de la operación. 

El Presidente del Gobierno, Largo Caballero, se entendía plenamente con el embajador soviético, Marcel Rosenberg, acordando los principales detalles de la operación y los pasos que debería estar dando el Gobierno español, siguiendo las instrucciones de Moscú.

El consejero comercial, Artur Stashevskiy se hizo el íntimo amigo de Juan Negrín, con quien estaba acordando todos los detalles de la entrega del oro español a las autoridades soviéticas, redactando conjuntamente toda la documentación (las Actas) que la acompañaría. 

Y Alexander Orlov, al haber movilizado toda la red del espionaje soviético en España para llevar a cabo la operación, contaba con el apoyo y la participación directa de todos los servicios de la Seguridad española.

He aquí una breve crónica de los hechos y los acontecimientos producidos.

El 12 de septiembre, el Consejo de Ministros, encabezado por Largo Caballero, aprueba unánimemente la propuesta del Ministro de Hacienda, Juan Negrín, de trasladar las reservas del oro del Banco de España desde Madrid a un lugar más seguro. El argumento principal es la aproximación de las tropas de los sublevados hacía la capital y el peligro de que Madrid podría caer dentro de poco en manos de los sublevados.  

El 13 de septiembre, el Presidente de la República, Manuel Azaña, firma el Decreto, presentado por el Jefe del Gobierno, del traslado de las reservas de oro del Banco de España a un lugar más seguro que la capital española en aquel momento. 

El 14 de septiembre, cumpliéndose las órdenes del ministro Negrín, todo el oro de las reservas, embalado en 10.000 cajas de madera, se traslada en los camiones-furgones de gran tonelaje, desde la sede del Banco Central, en la Plaza de Cibeles, hacia la estación del Mediodía (Atocha), escoltado y custodiado en cada momento por los miembros del Cuerpo de Carabineros del Ministerio de Hacienda y por los efectivos del Quinto Regimiento – una milicia de élite del Partido Comunista de España –, bajo el mando de Valentín González, “El Campesino”. 

Hay otra curiosidad poco conocida. Las reservas de oro del Banco de España estaban compuestas no por lingotes,  como es habitual para este tipo del “tesoro nacional” (sólo hubo 64 piezas), sino por centenares de miles de monedas de oro, de diferentes valores, algunas de curso legal, otras unas rarísimas  piezas numismáticas, procedentes de diferentes países (16 en total), principalmente las libras esterlinas (70% de todas las monedas), dólares norteamericanos, marcos alemanes, liras italianas, rublos rusos, pesetas españolas, entre otras. Toda esta montaña monetaria estaba distribuida por 15.571 sacas, que luego fueron embaladas en cajas de madera.

El 15 de septiembre el primer tren cargado con el oro salía de la estación de Mediodía de Madrid con destino a la estación de Cartagena. Hubo varios trenes y se necesitaron 6 días para transportar todas las cajas con el oro, cumpliendo con las máximas medidas de seguridad y bajo la vigilancia y la coordinación del ya mencionado agente secreto soviético, Alexander Orlov.

 El 21 de septiembre el último tren llegó a la estación  de Cartagena, de donde todas las cajas con el oro, cargadas en los camiones, fueron trasladadas a la Base Naval de Cartagena y guardadas en los túneles cerrados de los antiguos polvorines de La Algameca, a la espera de las nuevas órdenes. Alexander Orlov y sus subordinados espías soviéticos vigilaban todos los pasos del convoy de oro.

El 22 octubre, un mes después, el Gobierno Republicano, debido a cada vez más grave situación en los frentes y ante una urgente necesidad de disponer del armamento  y otro material de guerra, da visto bueno para transportar 7.800 cajas con el oro (de las 10.000 que se guardaban en La Algameca) a la Unión soviética. Todas las cajas asignadas fueron transportadas desde el polvorín, en unos cuantos camiones, que hacían varios turnos, a los muelles del Puerto de Cartagena, para luego ser cargadas en 4 buques mercantes soviéticos, que ya estaban esperando en la rada. Las cargas se realizaban por la noche, por razones de seguridad, y cada buque zarpaba de madrugada, durante cuatro días  (22-25 de octubre).  El primero fue “KUBAÑ”, luego “KIM”,”NEVA” y “VOLGOLES”. Aquí, la labor de Alexander Orlov y de sus espías estaba terminada y él ha vuelto a Madrid para seguir dirigiendo la red del espionaje soviético en España en colaboración con los servicios secretos republicanos.

El almirante, Nikoláy Kuznetsov, el consejero militar soviético de la Base Naval cartaginense trazó las rutas de los buques, rumbo al puerto soviético de Odessa, eligiendo los espacios marítimos (principalmente en el Mar Mediterráneo), donde prácticamente no había tráfico, para que los buques que transportaban el oro español no fueran avistados por los barcos y submarinos militares italianos y alemanes, que patrullaban las aguas mediterráneas, avisados por el servicio de inteligencia del general Franco, de que varios buques mercantes soviéticos transportaban el “expoliado por los rojos el oro del Estado español” a la Unión Soviética. Por ello, los cuatro buques mercantes soviéticos tardaron entre 12 y 14 días para llegar al puerto de Odessa, donde el cargamento de oro, bajo las extremadas medidas de seguridad, fue cargado de nuevo al tren  con destino a Moscú.

El 6 de noviembre, el cargamento “dorado” llegó a la estación de Kiev de Moscú y fue trasladado al depósito del GOSBANK moscovita. El oro español se convirtió en el “Oro de Moscú”. El glorioso final de la operación, ideada por Stalin y ejecutada por sus servicios secretos con plena colaboración del Gobierno republicano y sus correspondientes departamentos. 

Fue un magnífico “regalo” para el Caudillo soviético en vísperas de la fiesta más importante de la URSS, “La Gran Revolución Bolchevique de Octubre”, que se celebraba al día siguiente, el 7 de noviembre. 

Este oro español, depositado en el GOSBANK de Moscú, permitió al Gobierno republicano pagar toda la ayuda militar y económica soviética, sin la cual las fuerzas republicanas no hubieran podido resistir mucho tiempo ante el implacable empuje del ejército del general Franco, y la guerra civil habría terminado mucho antes, con la victoria de los “nacionales”, ahorrándose las numerosas víctimas por ambos bandos y la amplia destrucción del país. 

Para Stalin y su gobierno, la ayuda militar a la España republicana, exclusiva por su envergadura y el papel decisivo, les permitía la intromisión directa en los asuntos internos y externos del Gobierno republicano y, especialmente, en la dirección de la propia guerra civil, mediante los envíos del armamento y de los consejeros militares, la creación de una compleja red de espionaje político y militar que perseguía, en primer lugar, los intereses del Kremlin y de la Komintern. 

Así que, el “oro español” ha servido mucho mejor a los intereses de Moscú que a los del pueblo español, por lo cual, su denominación final como el “Oro de Moscú” resulta más que apropiada. Saquemos lecciones de la Historia.


Los Libros que he mencionado al principio del artículo son:

“Hasta el último maravedí o Las orejas de oro” (EDICIONES DEL ORTO, MADRID, 2014)”.

“La apertura española o Hasta el último maravedí-2” (EDICIONES DEL ORTO, MADRID, 2015)”.