José Manuel Cuenca Toribio | Lunes 05 de enero de 2009
El que habría de ser uno de los más egregios modernistas europeos vino al mundo en una época de grandes expectativas. El periodo de la “Paz armada” todavía no había inflexionado hacia una deriva ineluctablemente belicista y todas las grandes esperanzas despertadas por el avance arrollador de la ciencia y la economía permanecían intactas cara a un futuro en el que algunos de los grandes sueños de la Humanidad se materializarían al fin. En España, los efectos más impactantes del shock del 98 desaparecían a ojos vista y las auras regeneracionistas oreaban ya plenamente la mayoría de las manifestaciones del cuerpo social, con un mayor estancamiento modernizador en el político. A lo largo de su dilatada existencia el autor de España. Tres milenios de Historia permaneció fiel al espíritu en el que se desplegó su mocedad escolar y su juventud universitaria. Convencido de que las fuerzas del progreso se imponen siempre a las de la utopía y la reacción, reveló en todos los lances de su fecunda existencia un temple moderado y positivo, reflejado en sus quehaceres profesionales y en el contacto con las generaciones más jóvenes, a las que predicó invariablemente la religión del trabajo y la concordia. Andaluz de la mejor prosapia –discreto, elegante, laborioso, bienhumorado-, poseyó una intensa vivencia de la gran patria española, sin zafiedades ni masoquismos, al tiempo que sintió, como todas las almas de su linaje, la pulsión de la ciudadanía europea y aún universal, talante en el que alentaba parte del legado del humanismo con el que mostró una identificación sin fisuras, completada con su sentido de lo trascendente, herencia de sus mayores a la que nunca renunciara.
Profesionalmente, su biografía abarcó dos etapas. Desde los años treinta en que, acabada la licenciatura de Geografía e Historia en la Universidad hispalense, encaminó sus pasos hacia la docencia en el prestigioso cuerpo de catedráticos de Instituto, hasta la “década prodigiosa”, que asistió a su consagración en los círculos intelectuales españoles y de gran parte de Occidente. Con enseñanzas dictadas en diversos centros de Secundaria, según hoy se dice, fue la fase indicada un tiempo muy provechoso, de ahincado estudio así como de investigación benedictina en archivos de toda índole, con una producción bibliográfica cadenciosa pero a la vez incesable, que le granjeó ya un envidiable crédito en los ambientes académicamente más exigentes. La segunda de las etapas mencionadas descubre, sobre un fondo de continuidad, otro perfil, adaptado también, conviene no olvidarlo, a la distinta fisonomía del país en los días del tardofranquismo y la democracia. El ritmo de las publicaciones salidas de su pluma se mutó casi en febril, sus cursos en las instituciones culturales más relevantes iberoamericanas y europeas se multiplicaron y su autoridad historiográfica figuró entre las más respetadas, por encima de banderías y corrientes. De igual modo, premios, laureles y distinciones cubrieron una existencia indeficientemente modesta y austera en extremo, que no varió por ello un ápice de su andadura habitual, inclinada hacia bibliotecas y archivos y muy refractaria a los focos mediáticos y a los palacios de los príncipes del dinero o del poder.
Enriquecido el articulista durante cerca de medio siglo con su trato en la Sevilla del buen recuerdo y, sobre todo, con su asidua y estimulante correspondencia, quisiera ahora tan sólo, con el exvoto más tremante a su limpia memoria, dejar constancia de la oportunidad brindada por el centenario de establecer sin más demora una fundación dedicada a una personalidad eximia, de la que todas sus vertientes merecen una profundización a través de análisis acribiosos. En caso de que las instancias pertinentes no instituyeran un organismo de tal guisa, el fardo de las frustraciones andaluzas seguiría aumentando, con el consiguiente empobrecimiento de los andaluces y españoles del inmediato porvenir, con derecho a tener como guía a un maestro de la envergadura intelectual y humana del sabio y humilde sevillano cuyo centenario está a punto de cumplirse.
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