Opinión

Fantasmas en la selva

Jordi Canal | Lunes 05 de enero de 2009
El pasado 2 de enero reapareció, cual fantasma, el Subcomandante Marcos, líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Lo hizo en el marco del denominado I Festival de la Digna Rabia, que se celebra en San Cristóbal las Casas, en Chiapas, con la asistencia de simpatizantes del movimiento, tanto mexicanos como de otras partes del mundo. Por España, pongamos por caso, intervino el mismo día un representante de la CGT, que trató de la memoria histórica y denunció que estamos infectados por el virus del capitalismo, para lo que recomendó como medicina la reeducación.

El guerrillero mediático habló tras bastantes meses de silencio, pasados en la selva Lacandona o en sitios bastante más confortables, para denunciar el supuesto apoyo a Israel por parte de Barack Obama y, sobre todo, para criticar al presidente mexicano Felipe Calderón, acusándole de apoyarse en un bando contra otro en la guerra contra el narcotráfico. Grandes declaraciones –más o menos insidiosas-, al fin y al cabo, que disimulan una vez más la ausencia de propuestas para un país que, no puede negarse, está afrontando grandes problemas. El “Subcomandante” ofreció más de lo mismo.

En febrero de 2007 estuve en San Cristóbal las Casas, impartiendo unos cursos en la Universidad Intercultural de Chiapas, que dirige el antropólogo Andrés Fábregas. En aquella estancia nadie me habló en sentido positivo de Marcos, sino más bien lo contrario, y mi impresión fue que lo estaban echando al olvido. Incluso aquellos que, en algún momento, habían simpatizando con él. Otra cosa eran los europeos con greñas que habían ido a hacer su “revolución”, instalados con guitarras y cervezas en la plaza de la catedral. El papanatismo al otro lado del Atlántico ha sido, sin lugar a duda, entre intelectuales e izquierdistas varios, uno de los elementos más sobresalientes entre los generados por el neozapatismo mediático.

Al margen de obras de investigación muy interesantes sobre el fenómeno Marcos, como la de Bertrand de la Grange y Maite Rico, Marcos. La genial impostura, les recomiendo la lectura de la novela Turistas del ideal, de Ignacio Vidal-Folch. Yo he vuelto a hacerlo este fin de semana, disfrutando de nuevo de la sátira incisiva y divertidísima que teje el autor. Las andanzas de un grupo de escritores y cantantes comprometidos –entre los que no resulta difícil reconocer a personajes como Saramago, Sabina y sobre todo a Vázquez Montalbán- en un gran acto organizado por el Capitán en Tierras Calientes permite a Vidal-Folch mostrar las contradicciones, ridículos y miserias de estos peculiares turistas, que lanzan soflamas revolucionarias desde hoteles de cinco estrellas, asientos de primera clase en los aviones y restaurantes de lujo.

La reaparición del Subcomandante Marcos no es una buena noticia, pero sí una noticia menor –aunque algo cansina- en América Latina, en la que deben preocupar mucho más fenómenos como la persistencia de la dictadura cubana de los hermanos Castro, que celebra ahora su medio siglo de fracasos y despotismo, o las derivas autoritarias en países como Venezuela y Nicaragua. Los fantasmas como Marcos dejan de asustarnos a una cierta edad. Y, como no podía ser de otra forma, nos parecen ya simple y llanamente patéticos.

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