Román Cendoya | Lunes 05 de enero de 2009
Ante la convocatoria de elecciones del País Vasco, creo que es importante analizar el escenario en el que se produce. Los agentes implicados en estas elecciones son los de siempre: el PNV, ETA, el PSE-PSOE y como outsider el Partido Popular.
El PNV afronta estas elecciones con un Ibarretxe que se presenta con un discurso agotado, sobre todo después de su fracasado referéndum soberanista. Además, el País Vasco, como todo el mundo a pesar de que se creen diferentes, también sufre la crisis. En el ajustado mapa político vasco, no ir en coalición puede afectar al PNV en algún escaño determinante, mientras que para EA estas elecciones pueden suponer el paso previo a su desaparición. Es más que improbable que EA reciba algún voto de ETA. Además, el PNV está desconcertado por los últimos ataques que ha sufrido por parte de ETA. Ignacio Altuna en Azpeitia y la bomba contra la EITB sólo cabe interpretarlos en clave vasca.
ETA, como siempre, está y estará en la campaña. Sus últimas acciones reflejan un distanciamiento respecto del PNV. Los últimos atentados y documentos apuntan en esa dirección. Ya no están en Estella y ETA parece que no se fía de volver a recorrer un camino conjunto con este PNV. ETA está debilitada pero sabe que tiene espacio porque el gobierno se lo está dando. En función de cómo actúe el gobierno de Madrid, favorecerá o perjudicará al PNV en las próximas elecciones. Si algo es seguro es que ETA dará instrucciones a sus votantes de cómo actuar. Y ETA sabe que el gobierno hará todo lo necesario para que ellos perjudiquen al PNV. Así sucedió en los ayuntamientos con ANV. La fiscalía permitió que se presentaran las listas en las que el voto etarra perjudicaba el poder del PNV.
El PSE-PSOE, lejos de ser una alternativa de cambio de modelo, se mimetiza en el nazionalismo jugando a todos los palos. Con el PNV sigue acostándose, de vez en cuando, para seguir dando lo que haga falta a cambio de que le apoyen los Presupuestos Generales del Estado. El PNV vende sus votos carísimos en Madrid, cobrando al PSOE en dinero, transferencias y en apoyo sin matices a los presupuestos vascos. Así, el PSE ha cofinanciado, vía presupuestos vascos, la manifestación celebrada en Bilbao que se abría con la fotografía de “Txeroki”. El PSE no pone ninguna objeción a los presupuestos soberanistas del PNV.
Por otro lado, todos los indicios apuntan a la connivencia y continuación de la acción política del PSE-PSOE con el mundo de ETA. O por lo menos, con una parte destacada. Tres hechos, por mucho que lo nieguen Rubalcaba, Blanco y Zapatero, delatan al gobierno: el acercamiento de presos a las cárceles de Euskadi, la negación del gobierno a disolver los ayuntamientos de ANV que les permiten gestionar cientos de millones de euros y la no detención del negociador Josu Ternera. ¿Cómo se explica que a la detención de las cúpulas militares de la banda terrorista ETA responda con atentados en el País Vasco contra intereses y/o personas vinculadas al mundo peneuvista? La prueba del nueve de la connivencia será si la fiscalía permite que se presente una “lista blanca”. En ese caso nos encontraremos ante la posibilidad real de cambio de Lehendakari en el País Vasco, que supondría pasar de un gobierno del PNV tutelado por ETA a un gobierno de Patxi López tutelado por ETA. Suena fuerte pero es más que una posibilidad.
La presencia de la “lista blanca” hará que a López no le ocurra lo que les pasó a Mayor Oreja y Redondo, que perdieron porque 85.000 votantes de Batasuna votaron PNV para evitar aquel cambio en los tiempos de Estella. Patxi López sabe que el Partido Popular nunca apoyará un Lehendakari nazionalista. Por eso, de cara a la investidura, no necesitará pactos para formar gobierno. Además, sabe que siempre tendrá, como ha tenido el PNV, tantos votos prestados como necesite de la “lista blanca para hacer una gestión de gobierno nazionalista.
Atisbar este escenario vasco, con la complicidad necesaria del gobierno de Madrid, deja a uno cuando menos preocupado ante la “merdé” de las elecciones vascas. Ojalá el gobierno me demuestre con hechos que el escenario descrito es falso y que esta columna no deja de ser un mal relato de ficción gore. Pero me temo que no me dará ese gusto.
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