Darwin no reparó en ella
Martes 06 de enero de 2009
Las Galápagos, un puñado de islas volcánicas que hoy en día pertenecen a Ecuador, están consideradas como un verdadero laboratorio de la evolución: gracias a su aislamiento, innumerables especies de aves, reptiles y otros animales y plantas se han ido diferenciando del resto. Sólo entre las iguanas, existen dos especies reconocidas por la ciencia.
En su visita a las Galápagos en 1835, Darwin no exploró el Volcán Lobo en la isla Isabela, el único lugar donde habita la iguana rosada, una recién identificada especie de iguana de tierra del género 'Colonophus'. Pero ha sido ahora, gracias al equipo liderado por el italiano Gabriele Gentile, de la Universidad Tor Vergata, en Roma, cuando se ha conseguido llevar a cabo un análisis detallado del animal y comprobar que se trata de una especie distinta de las otras.
Este reptil se originó en las Galápagos hace más de cinco millones de años y divergió de otras poblaciones de iguanas cuando el archipiélago aún se estaba formando. Las diferencias en la iguana son acusadas, tanto en la apariencia, en el color y el formato de las escamas y los cristales, como en las características genéticas. En verdad, el animal es el más primitivo de todas las iguanas terrestres conocidas de las Galápagos. Probablemente, ha sido la primera en separarse del árbol genealógico que dio origen a las demás.
Los investigadores consideran que, a juzgar por los datos disponibles, la nueva especie ya “nace” amenazada por la extinción, y piden el análisis de más datos para garantizar su conservación.
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