Martes 06 de enero de 2009
Bien es verdad que España no es un país donde las encuestas puedan catalogarse de fidedignas. A la vista están las últimas citas electorales, en las que dependiendo de quien y donde las hiciese, unas y otras variaban ostensiblemente. Con independencia de la idoneidad de cuestionarios y e interpretaciones, lo cierto es que el español medio es muy voluble a la hora de responder a un cuestionario. Las encuestas tienen su valor, sí, pero medido, y más en España. Dicho lo cual, la última estimación de voto oficial, según la cual el PSOE se sitúa 3 puntos pon encima del PP, no teniendo una utilidad práctica inmediata, si puede presentar una serie de lecturas significativas.
Para empezar, no parece que los electores castiguen sobremanera la gestión de un gobierno que va ya por su segunda legislatura. Y no será por la cadena de despropósitos que ha ido acumulando durante estos últimos 5 años. A ello hay que sumarle el efecto sumamente negativo que está teniendo una profunda crisis económica, negada, primero, y mal manejada, después. Parece, pues, legítimo preguntarse el porqué de esta situación en la opinión. Y quizá la respuesta haya que buscarla en el principal partido de la oposición.
Mariano Rajoy perdió dos elecciones consecutivas, y pese a todo, ahí sigue. En el último Congreso Extraordinario del PP obtuvo la mayor parte de los sufragios…fundamentalmente, porque era el único candidato. Nadie osó hacerle sombra. El cuestionable reparto de avales, unido al “apego a la poltrona” -mal endémico de la política española- y la laminación de “elementos molestos” fueron todos factores coadyuvantes que decantaron la balanza del lado de Rajoy. El cual, una vez reafirmado, siguió soltando “lastre” en forma de personas que anteriormente lo habían sido todo en el PP. En su lugar, puso a “los suyos”: Soraya, González Pons, Cospedal y demás. Y parece que ahí está el problema. Ni Mariano Rajoy con su cuestionable laissez faire ni la impericia de sus acólitos han sido capaces de recortar la distancia con el PSOE. Y todo ello, como diría un castizo, “a pesar de la que está cayendo”. Así, a Rajoy no le ha quedado más remedio que rescatar del ostracismo a Mayor Oreja para encabezar la lista popular a las próximas elecciones europeas. Mientras, José María Aznar fichaba para FAES, el laboratorio de ideas del PP, a una de las defenestradas por las gentes de Rajoy: María San Gil, bastión popular en Euskadi durante mucho tiempo. Ambos siguen teniendo mucha valía. Y son además, la prueba evidente de que no siempre los relevos se hacen bien. El PP tenía un patrimonio humano que ha ido dilapidando sin motivo aparente. Haciendo, además, una labor de oposición errática y desconcertante: al dramatismo y la sobre-actuación de la primera legislatura, ha seguido una cierta abulia en la segunda. Al señor Rajoy le esperan tres elecciones parciales importantes de cuyo resultado puede depender su futuro en el partido.
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