Opinión

España: una economía en rebajas

Jueves 08 de enero de 2009
Expertos y observadores, propios y extraños, y al fin los mismos consumidores coinciden, por fin, en un juicio sobre las rebajas en España: las de este año son “históricas”. Los carteles del 50 por ciento no se quedan en cuatro prendas, sino que cruzan los estantes, encontrándose a veces con carteles que indican que el mismo artículo vale ahora un 80 por ciento menos. ¿Tiene ello algo que ver con la crisis económica? Es indudable que así es.

Pues estas rebajas van más allá de la necesidad de tiendas y almacenes de deshacerse del género que no se ha podido colocar en la temporada. No es ya que resulte más económico deshacerse de bienes y prendas para albergar en los almacenes las nuevas propuestas para la temporada. Es que el dinero es hoy más escaso que antes. Decía Keynes que no hay nada en el mundo más tímido que un millón de dólares. Pero unas pocas decenas de euros, en una situación como la actual, resultan ser también muy tímidos.

Por un lado, como explicábamos en otro editorial reciente, el crédito se contrae, reduciendo la cantidad de dinero y, consecuentemente, la presión sobre los precios, que al fin es un fenómeno eminentemente monetario. Pero, por lo que se refiere al consumidor, su situación no le permite las alegrías de antes y se acerca a las tiendas con más tiento. Hoy el dinero parece más precioso y los bienes menos necesarios.

Por un lado se produce el efecto riqueza de que habló Pigou, pero en una espiral negativa. La caída de la Bolsa y, en particular, del valor de los inmuebles, hacen ver a los consumidores que son menos ricos de lo que pensaban, por lo que moderan su consumo. Además, quien no está ya en paro, siente de cerca la amenaza del desempleo, por lo que sabe que tiene que moderar el consumo. El ahorro aparece ahora más necesario que antes, cuando parecía que el mero correr de los días le hacía a uno más rico si tenía una casa en propiedad. Todo ello, ha hecho que el consumo se contraiga y que los empresarios se vean forzados a adoptar medidas extraordinarias.

Las crisis económicas tienen algo de catarsis, de limpieza económica, y también moral. Cuando vienen mal dadas, todos recordamos de repente que hay que moderar el consumo, que hay que crear un patrimonio con pequeñas renuncias, ahorro, y constancia, y que el trabajo y la responsabilidad son las guías más apropiadas hacia la seguridad económica.

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