Jueves 08 de enero de 2009
A escasos días del referéndum constitucional que movilizará a millones de bolivianos para votar a favor o en contra de una nueva Constitución para Bolivia, Evo Morales, no desiste de sus intenciones de nacionalizar la industria energética y ferroviaria del país en su totalidad, pese a haber reconocido recientemente ante miles de seguidores que se congregaron en la ciudad de Potosí, que no cuenta con recursos para lograr dicho fin. En otras palabras, la chequera del Estado no dispone de los fondos suficientes para costear el arbitraje y la adquisición de las participaciones Shell, British Petroleum, Petrobras, Luksic o las españolas Repsol YPF, Iberdrola y Red Eléctrica de España.
El abaratamiento del precio del crudo le ha llegado en muy mal momento a Evo Morales, que posiblemente dependía del festín que auguraba los petrodólares de su homólogo venezolano Hugo Chávez, para hacer frente a un proceso de nacionalización anhelado y prometido por el otrora líder cocalero. Así las cosas, no le quedará de otra que esperar a que las vacas flacas dejen de pastar y la bonanza petrolera vuelva al cauce de los 100 euros el barril. Mientras, tanto Morales como compañía, no les queda de otra que morderse la lengua y jugarse la estrategia de la cautela para ver qué pasa.
Si bien tal revés le otorga un respiro a las compañías trasnacionales asentadas en el país, no cabe duda que obstaculiza la puesta en marcha del que hasta el momento ha sido una de las puntas de lanza de la política “revolucionaria” del mandatario, que el próximo 22 de enero cumple tres años al frente del gobierno.
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