Opinión

Obama, Pakistán y Afganistán

Domingo 11 de enero de 2009
En la vida política estadounidense, la figura del vicepresidente no tiene la misma importancia que en otras democracias occidentales, donde su peso político en influencia son mucho mayores. Cargos como el Secretario de Estado o el Jefe de Gabinete suelen tener más incidencia. Aún así, ha habido más de un vicepresidente de Estados Unidos con la personalidad suficiente como para dejar su impronta. En el caso de Joe Biden, actual vicepresidente electo, sería deseable que, al menos en una faceta, la de la política exterior, tal impronta comience en breve a notarse. Y es que es precisamente en el campo de las relaciones internacionales donde Joe Biden tiene más experiencia, lo cual puede resultar de gran ayuda a Obama. Así, la gira que le ha llevado a Pakistán y posteriormente a Afganistán debe entenderse como un intento de la nueva administración demócrata en mostrar al mundo su intención de no perder un ápice de protagonismo en la escena política internacional.


De momento, los resultados no son malos. Hay quien ve como uno de los frutos de su labor el reciente descenso de la tensión entre India y Paksitán, tras el viaje de Biden a Islamabad. Es imprescindible que haya una buena relación entre Obama y Zardari, los máximos mandatarios de Estados Unidos y Pakistán. El primer paso lo han dado sus “segundos de a bordo”, Joe Biden y el primer ministro pakistaní, Yousaf Raza Gilani. Y en Afganistán se reunía ayer tarde con el presidente Hamid Karzai, para explicarle en primera persona la nueva estrategia que Obama quiere implantar en la zona. Uno de los puntos débiles que la legión de analistas políticos estadounidenses atribuyen al actual presidente electo es su escaso conocimiento del ámbito internacional. Si ir más lejos, su desliz durante la campaña electoral, mostrándose partidario de un Jerusalén unificado levantó ampollas en el mundo musulmán y, por más que Obama intentara explicarse después, ya era tarde para rectificar. Por eso, estos días ha preferido pasar a un segundo plano, hasta su toma de posesión del 20 de enero, y dejar que los que saben hagan su trabajo. Una decisión prudente.