Opinión

Zapatero y la descalificación de España

Martes 13 de enero de 2009
Aunque la actuación del presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, frente a la crisis, ha sido muy discutida en la mayoría de los medios, expertos económicos consultados por El Imparcial entienden que es un acierto postrero su defensa de la solvencia española ante la amenaza de la rebaja de la calificación de nuestra deuda (actualmente en su grado superior, AAA) por parte de una de las escasas y todopoderosas agencias de calificación. En este caso, Standard y Poors.

Las agencias de calificación tienen varios problemas, y el primero es su credibilidad. Generalmente, trabajan para clientes a quienes tienen que calificar, lo que hace muy discutible su objetividad. La segunda, que actúan indirectamente en los mercados (cuando no a cuenta directa de otros), lo que todavía las pone más en entredicho. La tercera, que son un poder en la sombra, y ahí se mezclan variables casi indiscernibles, tanto en lo económico como en lo político.

Zapatero ha puesto el dedo en la llaga. El problema no es lo que piense S&P de las garantías españolas, sino lo que discute el mundo sobre la fiabilidad de S&P y sus compañeras de viaje (que en este caso, por cierto, no ponen en cuestión a España). Porque, en esta crisis financiera, la mayoría de agencias de calificación han hecho el ridículo.

¿Quiere decir esto que la economía española va como los ángeles? Obviamente, no, y buena parte de la responsabilidad es de Zapatero. ¿Pero es España financieramente consistente y confiable? La mayoría de los expertos consultados por El Imparcial así lo creen, pese a una crisis compartida internacionalmente y agravada aquí por descuidos, imprevisión y torpezas gubernamentales. Porque una cosa es el día a día de la economía española, y otra cosa es que ésta no pueda garantizar solventemente sus compromisos.

Mientras no haya agencias independientes de calificación, comenta un experto en análisis financiero a este periódico, hará bien Zapatero en rechazar los ataques gratuitos de una de las existentes, a la que habrá que mirar antes sus intereses que sus dictámenes.

Y, si alguien tiene duda, que repase las calificaciones de estas agencias sobre las compañías que se han estrellado estrepitosamente en el mundo entero en este último año.

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