Opinión

Rusia deja a Europa a medio gas

Martes 13 de enero de 2009
La disputa que mantienen Rusia y Ucrania por el suministro de gas amenaza con dejar helado el norte de Europa. Países como Bosnia, Serbia y Bulgaria han sufrido especialmente las inclemencias del invierno, con sus reservas prácticamente agotadas. Sobre el papel, parece un conflicto entre dos estados mal avenidos. A día de hoy, los observadores internacionales enviados por la Unión Europea para comprobar in situ los gaseoductos sobre suelo ucraniano por donde discurre el gas ruso apenas han podido desarrollar su labor. Unos y otros han puesto permanentes trabas a su cometido, por lo que es difícil determinar si Ucrania se aprovecha de parte del gas ruso que atraviesa su territorio, o si todo este asunto no es más que una demostración de fuerza de Moscú.


Quizá ambas permisas sean válidas. Con todo, la segunda resulta mucho más preocupante. De un tiempo a esta parte, da la impresión de que asistimos a una reedición de los tiempos de la Guerra Fría. Estados Unidos ha visto que Rusia empezaba a desperezarse tras casi un siglo de oprobio totalitario. Sabe que Moscú controla ingentes reservas energéticas -gas, petróleo- y que su industria militarle reporta pingües beneficios. Rusia vuelve a ser poderosa. De ahí los movimientos desde Washington para colocar el escudo antimisiles en zonas estratégicas -y antiguos feudos del Pacto de Varsovia- como Polonia y la República Checa. También la secesión de Kosovo merece una reflexión más global que una mera cuestión interna serbia. Y ahora, el gas. Con independencia de las dudas que pueda despertar la actuación de Ucrania en toda esta crisis, el mensaje que ha lanzado Rusia aprovechando la coyuntura es claro: Moscú tiene la llave de la energía europea. Y no vacilará en cortarla si así lo estima conveniente. Ese es el problema de que los recursos energéticos estén en manos irresponsables: no parece razonable haber privatizado sectores estratégicos –una medida acertada y económicamente eficiente- para que termine por comprarlos un estado más pendiente de maximizar poder que beneficios. Por fin, mal que le pese al gobierno español -que lleva años blindándose con escapularios pseudo-ecologistas, dogmas, anatemas y excomuniones- el chantaje energético eslavo ha reabierto el debate nuclear.