Opinión

La Declaración de Bratislava: Migración y Sanidad II

Paula Márquez | Sábado 09 de febrero de 2008
La salud es cosa de todos, y no un privilegio sino un derecho, probablemente el más importantes: Si alguno de los miembros de una sociedad está enfermo, la carga que supone la enfermedad clínica, social y económicamente repercute negativamente en los demás integrantes del grupo: La Declaración de Bratislava realiza una apuesta fuerte por adoptar medidas sanitarias que contribuyan al bienestar de los emigrantes, siendo precisamente la salud pública una de las más importantes para promover y facilitar la integración, contribuyendo de forma muy positiva a la cohesión social. Probablemente la integración de las mujeres emigrantes en los sistemas de salud de los países de acogida permita una mejor comprensión e integración, gracias al papel crucial que las madres juegan en la educación de la siguiente generación: la ya nacida y/o educada en el país de acogida.

La salud de una persona no debe ser una excusa o razón para aplicar excepciones a la legislación internacional sobre migraciones, y teniendo como telón de fondo a la Declaración, la Unión Europea se prepara para reforzar los programas de investigación en salud pública, vigilancia internacional y en los sistemas de información en coordinación con la aplicación de las medidas sanitarias propuestas por el nuevo Reglamento Sanitario Internacional ante la llegada de emigrantes que procedan de poblaciones con riesgos sanitarios importantes, de distintas localizaciones geográficas.

Y son de especial interés las personas particularmente vulnerables a algunas infecciones como la Tuberculosis y SIDA, debiéndose reforzar las estrategias de su prevención, control y tratamiento; así como aquellas patologías crónicas físicas y mentales surgidas como resultado de la migración forzosa (traumatismos, violencia de género, torturas, etc)

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