Mercedes Martín Luengo | Viernes 16 de enero de 2009
Estoy harta de ser tan autosuficiente. Y que me perdonen por esta afirmación todas las generaciones de hembras postradas y excluidas que me han precedido. Pero esto es un proceso y ahora estamos en otra: un desencuentro histórico entre hombres y mujeres en el plano emocional, ya sea en pareja o desde la soltería. Es público y notorio que nosotras hemos dado un triple salto mortal con tirabuzón y que vosotros os habéis quedado boquiabiertos. Nadie os había preparado para el advenimiento de la mujer-persona.
El modelo estaba basado en nuestras tragaderas. Dejamos de tragar y se acabó la pareja. Creo que ahora la pelota está más en vuestro tejado que en el nuestro, aunque es tarea de todos ensayar nuevas formas de relacionarnos o establecer relaciones en lo íntimo. A estas alturas ya hemos constatado las dos partes que los patrones con los que aún funcionamos, están obsoletos. Urge entonces salvar este vacío en los afectos con un generoso despliegue de comprensión e imaginación entre aliados. Ahora es el turno de un hombre nuevo, que a su vez dará paso a una mujer nueva y así, hasta que el Sol se apague. Quiero pensar que cuando los hijos de nuestros tataranietos pueblen la Tierra, las por fin naranjas enteras se encontrarán en unas sanas relaciones de tú a tú, de poder a poder…¡Pero yo no estoy dispuesta a ser un ladrillo de la Historia! ¿Y tú?
De momento vamos de “sobraos”, pese a que carne adentro todo son carencias. Hay mucho miedo por ambas partes, que maquillamos de autosuficiencia ante los demás y ante nosotros mismos. La consigna es el “yo no necesito a nadie” y sobre todo, “que nadie piense, ni siquiera yo, que yo necesito a alguien”. Y esto conviene repetírselo en la intimidad varias veces al día. Los singles son ya un imperio, que crece y se expande sobre un mercado emocional ciego que tiene mucho de soledad, depredación y furtivismo. Tengo una teoría. Si esto sigue así, la genética entrará al trapo. Al ácido desoxirribonucléico no se le va a escapar que de lo que se trata es de ser autosuficiente, y estoy convencida de que allá por el año 8888 los humanos nacerán con ambos sexos. Está claro que por este camino, algún día seremos hermafroditas. Mientras llega o no ese instante de gloria, no estaría mal que dejáramos de medirnos y empezáramos a reconocer lo emocionalmente frágiles que somos. Más que nada, porque nos necesitamos tanto...
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