Opinión

Correa en “El país de las maravillas”

Lunes 19 de enero de 2009
El presidente de Ecuador Rafael Correa llegó a su segundo año de mandatado de una forma idílica y beneficiosa para su “Revolución Ciudadana”, ya que encabeza las encuestas de popularidad, posee una nueva constitución debajo del brazo y gobierna a un país que hasta el momento, no presenta una oposición política consolidada que obstaculice sus probabilidades de reelección en las elecciones anticipadas que tendrán lugar el próximo mes de Abril. No cabe duda que el mandatario de 45 años lo tiene todo a su favor, a pesar de los pocos prometedores datos económicos que acechan la realidad ecuatoriana y de estar rodeado de aliados políticos que más que beneficiar su imagen, la deterioran. En su discurso de aniversario, Correa hizo alarde de promesas y buenas intensiones, dotadas con fuertes dosis de populismo, al arremeter, nuevamente, contra el neoliberalismo y referirse a su proyecto como una “cosecha”, cuyas “semillas” fueron sembradas en 2008. Asimismo, el gobernante suramericano, en un intento por satisfacer las crecientes expectativas de sus seguidores, evadió las complejas proyecciones económicas que le depara el 2009 a un país ahogado por una enorme Deuda Pública y golpeado por la brusca caída del crudo, para asegurar que el crecimiento económico en el ejercicio que acaba de finalizar fue de 5,3 por ciento.


Puros esperanzadores augurios para un Ecuador que da la impresión que sólo existe en el imaginario de Rafael Correa, con el objeto de nutrir un proyecto más personalista que socialista. Sólo queda esperar a ver cómo transcurrirán los acontecimientos de cara a las presidenciales, en las que, seguramente, Correa será reelecto sin problema alguno, debido a que la ciudadanía ansía un cambio radical para su país y le dan su voto de confianza a quien promete dicho cambio. Quizá a partir del mes de abril los millones de ecuatorianos que confían en Correa comiencen a poner a prueba sus promesas de igualdad y revolución, ojalá no le pase como Alicia, ese célebre personaje de Lewis Carroll, que tras varias aventuras en “El país de las maravillas” le tocó ver el reflejo de sus monstruos en el espejo. Ojalá que Rafael Correa no sea víctima de su juventud política y no esté corriendo sin dirección alguna, detrás de un Conejo Blanco.