Opinión

Cumpleaños y (apoteosis)

Jon Juaristi | Martes 20 de enero de 2009
A Iñaki Anasagasti le ha alegrado mucho mi fichaje por el equipo de Esperanza Aguirre como Director General de Universidades e Investigación, lo que me recuerda que hace tiempo que no dedico una línea al nacionalismo de por allí. Se me van a pasar las elecciones vascas sin haber dicho ni pío, y es que, como no voto do solía, ni veraneo en Donosti ni pago alcabalas a la Hacienda Foral, lo que ocurra en aquella abundancia de campiña ha dejado de repercutir directamente en mis preocupaciones. Anasagasti sigue fingiendo creer que me encuentro en la indigencia, y que la Presidenta de mi Comunidad acude a socorrerme, cosa que, al parecer, le divierte mucho. Wishful thinking, como dicen los ingleses.

Diría mucho a favor de la caridad cristiana de Esperanza Aguirre que, en efecto, me hubiera retirado de la calle para llevarme a una Dirección General abrigadita, sobre todo, en estos días de nieve, de duro cierzo invernal. Pero temo que mentiría si sostuviera tal versión. Mis ingresos menguarán fatalmente, como ha ocurrido siempre que he ocupado un cargo público. Sin embargo, cualquier sacrificio es poco, si ello le pone contento a Anasagasti y le ilumina el semblante, que no parece sino que anda oliendo mingitorios todo el día. Qué no haría yo por un patriota vasco. De momento, contribuyo a pagarle la pensión, sin reciprocidad alguna por su parte. De nada, ex senador. Concierto Económico se llama esa figura.

Se da la feliz circunstancia de que mi salida administrativa de la miseria coincide con el primer aniversario de El Imparcial digital, medio que Anasagasti tilda de extrema derecha, lo que es comprensible si tenemos en cuenta que él colabora regularmente en Deia, el diario más leído por la clase obrera. Un año de vida es, sin duda, un logro importante. Espero que sean muchos más, y que Luis María Ansón, José Varela Ortega, Joaquín Vila y José Antonio Sentís me permitan seguir publicando aquí mis devaneos y ofrendarlos alguna vez a Anasagasti, e incluso a Ana Sagasti, la más fiel de mis lectoras.

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