Opinión

Jueces

Juan José Solozábal | Martes 20 de enero de 2009
Quien considere honestamente la situación de los jueces en la sociedad de nuestro tiempo ha de reconocer, primero, que su trabajo no es técnicamente nada fácil, pues en nuestros días las disputas se presentan en términos de notable complejidad, ya que no estamos precisamente en sociedades agrarias en las que la índole de los conflictos es fácilmente anticipable, siendo, al contrario, muchas veces difícil encontrar la solución jurídica a los problemas que el juez ha de resolver. Además, la labor de juzgar exige un compromiso de independencia e imparcialidad, que también tiene mérito asegurar en unos tiempos en los que la integridad moral no es un valor en alza, por ejemplo frente al brillo del dinero o las ventajas de la condescendencia con el poder. A veces la valentía ha de esgrimirse ante fuerzas como el terrorismo y el crimen organizado a los que sólo gracias al juez alcanza la repulsa de la sociedad. Por lo demás también sólo gracias a los jueces somos un Estado de derecho en el que los ciudadanos tenemos frente al Estado y los demás derechos efectivos y no simplemente derechos morales, meras palabras, precisamente porque los jueces nos aseguran la protección de lo que nos corresponde, de lo que es verdaderamente nuestro, comenzando por nuestras libertades básicas o derechos fundamentales.

Quisiera añadir que no me estoy refiriendo a los jueces como tipos de un planeta ideal, existentes en el plano normativo. Estoy pensando en hombres y mujeres de verdad, a los que he conocido y admirado, a los que he tratado, de los que he aprendido a lo largo de mi vida, desde los años de facultad, y a los que no nombraré. Todos ellos, servidores suyos, han compartido un compromiso simultáneo con la justicia y el Estado, sabiendo al tiempo que un Estado injusto no merece respeto, pero que no existe el derecho sin el Estado.
Se comprenderá que con este canon general de referencia no pueda entender con facilidad la pretensión de los jueces de ponerse en huelga, alegando un derecho que, simplemente no tienen. En un ordenamiento positivo sólo tenemos los derechos que nos reconocen las leyes, y ,en efecto, ninguna norma, comenzando por la Constitución, reconoce, el derecho de huelga a los jueces , que no son trabajadores sino poder del Estado, pues son ellos, cada uno de los mismos, los que ejercen de modo independiente la potestad jurisdiccional. De esta posición jurídica peculiar de los jueces dan alguna idea la prohibición que la Constitución formula en relación con su pertenencia a los partidos o los sindicatos, o alguna precisión legal restrictiva a la hora de ejercer por su parte el derecho de reunión. El Tribunal Constitucional, por lo demás, considerando la condición del titular de una función pública prefiere entenderla más en términos de competencia que de derechos.

Pero ocurre no solo que los jueces no tienen este derecho, sino que, como ha visto Javier Pérez Royo, no pueden tenerlo. El desempeño de la función jurisdiccional es una pieza indefectible en el Estado de derecho, de manera que afirmar la posibilidad de su cesación por la huelga es un imposible jurídico.

Hay cosas que de verdad, en el plano jurídico, son inconcebibles. Por ello en la Teoría del Estado clásica se admitía la existencia de Leyes Fundamentales que no podían menos de cumplirse, obligando incluso al monarca absoluto. Este por ejemplo, aunque lo quisiese, no podía derogar las leyes de sucesión de la Corona o vender el territorio del reino o establecer impuestos sin el consentimiento de sus súbditos. Y no lo podía hacer porque si se obraba de otro modo se socavaban los cimientos del Estado, minando la base de su poder como monarca.

Aplicando un razonamiento parecido podríamos decir que la huelga de los jueces es imposible porque niega la continuidad del Estado, al privarle de la realización de una función que es la justificación del Estado, en el que se incluye la organización judicial como elemento imprescindible del mismo. Ocurre entonces que los jueces no pueden tener un derecho cuyo ejercicio cuestiona la base de su misma existencia. Así de simple.

TEMAS RELACIONADOS: