Opinión

Creciendo con pies de barro

William Chislett | Martes 20 de enero de 2009
Tres elementos clave de cualquier país son un sistema educativo, que mejora las capacidades de la población, un sistema de justicia, rápido y eficaz y un mercado laboral que facilite la creación de puestos de trabajo duraderos. España va muy mal en todos estos ámbitos, y no por culpa de la recesión. En la época de las vacas gordas (1995-2007) estas áreas tampoco funcionaban bien. Lo que pasa ahora es que se nota más su estado de deterioro.

Empecemos con la educación que, como saben mis lectores, es una de mis obsesiones. Basta ver la tasa de fracaso escolar – uno en cada tres alumnos (la generación del futuro) no completa la enseñanza secundaria básica (ESO), doblando la cifra de la Unión Europea. Además, cerca del 59% de la población activa carece de titulación profesional reconocida oficialmente; como resultado de un proceso migratorio poco ordenado, se ha disparado la tasa de analfabetismo; la formación profesional inicial/reglada está bien encaminada, pero la oferta es insuficiente; la universidad arrastra problemas crónicos de resistencia al cambio; y la formación continua no parece cubrir las carencias de los subsistemas reglados. Recomiendo el análisis de Valeriano Muñoz del Consejo Superior de Cámaras de Comercio que será publicado en febrero en el informe 2008 del Colegio de Economistas. Como dice Muñoz, experto en el tema, “El panorama formativo español continúa lejos de servir de soporte a una economía basada en el conocimiento.”

Mientras la economía española estaba creciendo con fuerza y creando trabajos poco cualificados en sectores como la construcción y el turismo, las autoridades prestaron poca atención al fracaso escolar. Hoy, de repente, todos hablan del problema (otra cosa es si son capaces de solucionarlo).

A España le vendrá bien seguir el ejemplo de Finlandia cuyos partidos políticos se pusieron de acuerdo durante un feroz recesión en los primeros años de la década de los 90 en limitar al mínimo lo recortes de gasto en educación – y esto desde un alto punto de partida. Gracias a esta inteligente política de consensos, Finlandia – cuyo sistema de educación sale año tras año como uno de los mejores según PISA – tiene hoy una economía exitosa y sostenible basada en el conocimiento. Sé que es irreal, incluso surreal, pensar que España podría convertirse en un Finlandia en el sol por mil razones, pero hay que moverse en el camino de este país nórdico.

Igualmente escandalosa es la lentitud, caos e ineficacia de la Justicia y la politización del Consejo General del Poder y del Tribunal Supremo. Es una vergüenza que al final de 2008 hubiera en los juzgados 2,5 millones de asuntos pendientes de resolución, 100.000 más que apenas un año antes. Se trata de la cifra más alta nunca registrada hasta la fecha. Y no sorprende, dado que los sistemas informáticos de las comunidades autónomas o de los distintos órganos judiciales en la misma ciudad siguen mayoritariamente sin estar interconectados. ¡La digitalización de las oficinas se está gestando desde los años ochenta! Las asociaciones judiciales, desbordadas por el volumen de trabajo, amenazan con una huelga que es ilegal según expertos en derecho constitucional. Entre las demandas están equiparar a España en número de jueces con la media europea: 20 por cada 100.000 habitantes. España tiene 10 (Alemania 24).

Por último, el mercado laboral. Es sumamente llamativo que España esta destruyendo puestos de trabajo al ritmo más rápido de Europa después de crearlos a la velocidad más acelerada; en términos absolutos tiene el mismo número de desocupados que Alemania (cuyo PIB es más del doble de lo de España y su población el 80% mayor). Esto pasa, entre otras cosas, porque un desproporcionado parte del PIB español esta concentrada en la construcción (un sector con un enorme impacto sobre el resto de la economía), y un muy fragmentado mercado laboral cuyas regulaciones favorecen demasiado a los empleados con contratos fijos y demasiado poco a los que tienen contratos temporales. Uno de cada tres empleados tiene un contrato temporal, más del doble del promedio de la Unión Europea, y su número probablemente aumentará cuando se empiecen a crear trabajos otra vez.

Toda la clase política es responsable de la situación en estas tres áreas. La lógica seria ponerse de acuerdo para mejorarlas o, ¿es que soy ingenuo? La oportunidad perdida durante el boom de la economía viene, en parte, por el despilfarro y los monumentalismos absurdos que se llevaron el dinero que debió haberse gastado en estas áreas tan importantes. España ha crecido con pies de barro.

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