Opinión

Obama ya es presidente

Miércoles 21 de enero de 2009
El 20 de enero de 2009 pasará la historia por haber sido el día en el que la primera persona de raza negra tomaba posesión como Presidente de Estados Unidos. Por fin. Desde que se supo el resultado electoral, todo han sido fastos y celebraciones. Y hay quien asegura que el primer discurso de Obama como presidente no es sino su último fogonazo de campaña. Una campaña en la que el líder norteamericano ha mostrado una oratoria y un dominio de los medios poco comunes. Su carisma es enorme; tan es así que en los días previos a su toma de posesión había llegado al 80 por ciento en índice de popularidad, algo nunca visto. Nada en Obama es usual. Ha generado unas expectativas colosales, tanto que desde su propio equipo ya han empezado a enfriar un poco el entusiasmo desbordado. Saben que su jefe no podrá cumplir todo lo que prometió, pese a que él mismo, en su discurso, no renunciaba a ser ambicioso.

Eso está bien, siempre y cuando la ambición no sea desmesurada, amen de ir acompañada con una buena dosis de realismo. Dosis que ha venido dada por las referencias a la crisis económica y a la necesidad de ponerse manos a la obra. Conviene recordar que este tipo de discursos suelen sen de consumo interno; de ahí que Obama haya focalizado la mayor parte de su intervención en hablar para el público estadounidense. Pero no podían faltar referencias a la política exterior. En este sentido, su mensaje ha sido claro: “seremos amigos de quienes busquen la paz y la libertad”, en una clara alusión a su voluntad de empezar su gestión con la mano tendida. Para el recuerdo, una frase que apuntaba hacia gobernantes totalitarios: “la historia les recordará por lo que construyeron, y no por lo que destruyeron”. Todo ello dentro de una gran emotividad, vivida durante toda la ceremonia. La cual, por cierto, ha sido la más cara de la historia; nada menos que 150 millones de dólares. Pero el crédito político de Barak Obama es, hoy por hoy, ilimitado. Esperemos que sus obras estén a la altura de sus palabras.

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