crítica
Miércoles 21 de enero de 2009
Edipo Rey (1927), inspirada en el drama homónimo de Sófocles y adaptada por Jean Cocteau como seis episodios introducidos por un narrador es una ópera-oratorio. Por su parte, El ruiseñor (1914) puede considerarse como un cuento lírico basado en la obra original de Hans Christian Andersen y está ambientado en la China imperial. No es raro que estas obras se presenten juntas, la mayoría de las veces en versión concierto, y, además, para esta ocasión en orden inverso, a modo de salto temporal estilístico desde la relación del compositor con la solemnidad monumental y arcaica hasta sus inicios más exóticos y realistas. Y ayudan, de esta forma, a ampliar la perspectiva sobre la obra dramática del genial compositor, desde el nacionalismo e impresionismo de sus primeras obras hasta el neoclasicismo singular y multiforme de su madurez creativa, representando ambas obras el paso de Stravinski del ballet a la ópera
La pasión de Valery Gergiev, considerado como un valiente renovador del teatro imperial ruso, con una poderosa forma de trabajar y que se centra especialmente en crear una nueva generación aficionada a la música, le lleva a viajar por todo el mundo. Al teatro madrileño ha llegado desde Valencia donde recibió la medalla de oro del Palau de la Música. Y es que en España, ha confesado que se siente muy bien porque, para él, nuestro país ha llevado a cabo un impresionante esfuerzo en los últimos 20 años para convertirse en el segundo país del mundo, por detrás de Japón, en cuanto a la red de auditorios y organización de la vida musical.
La poderosa música de Edipo Rey abrió anoche la primera de las dos únicas veladas programadas para asistir al fantástico espectáculo de la compañía de San Petesburgo, en la que todo parece funcionar como una sofisticada maquinaria donde cada uno de sus elementos, bien calibrados y engrasados, trasciende su propia individualidad para enriquecer el magnífico conjunto. Una perfecta y exquisita comunión entre la orquesta dirigida por Gergiev, el coro y los solistas, entre los que destacaron las grandes voces de Aleksandr Timchenko, que interpretó los dos papeles masculinos protagonistas, Edipo y el Pescador, y Olga Trifonova, que con su cristalina voz dio vida a un Ruiseñor apasionado y muy emotivo. Y como no podía ser de otra forma, la energía, la precisión y la belleza del espectáculo puso en pie al teatro, incluido el Palco Real que anoche estaba ocupado por Don Juan Carlos I, para agradecer, con casi diez minutos de aplausos, a esta compañía mítica de San Petesburgo su sobresaliente actuación.
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