La mayoría de las empresas españolas, pendientes ellas ante todo de sus beneficios, no han entendido nada sobre los beneficios que ofrece el mecenazgo o el patrocinio, tanto a la sociedad como a las propias empresas. Son pocas en la actualidad –solo algunas extranjeras- las capaces de entender las ventajas fiscales, a pesar de la raquítica y defectuosa Ley de Mecenazgo, Tanto el patrocinio como el mecenazgo se instalan con parsimonia en la mentalidad de los altos ejecutivos que persisten en ignorar la extensión y mejora de la imagen de empresa.
La suma total invertida en España durante el último año apenas alcanza unos millones de euros; de los que a los teatros privados les toca una pedrea de pocas monedas. Mientras, por aquello de estar a bien con el poder, el premio gordo les cae siempre a los teatros públicos bien alimentados con ese dinero de los presupuestos “que no es de nadie”. Así, La Caixa patrocina el Teatro de la Maestranza de Sevilla durante la presente temporada, financiando los espectáculos del teatro público sevillano con casi doscientos mil euros.
Según un convenio firmado, el lunes por la directora general de Industrias Culturales de la Consejería de Cultura y el director Territorial Sur de La Caixa, la suma establecida se destinará a los programas de danza (Cascanueces, Blancanieves y Ballet Nacional de Danza) y al “Abono Joven” que facilita , por solo 30 euros, ciento cincuenta abonos a menores de 26 años, para asistir a seis espectáculos de la temporada.
Desde Cayo Cilnio Mecenas, que prestó al gesto su nombre, han pasado más de dos mil años. Dos milenios repletos de casos en que la generosidad de algunos ricos y poderosos alimentó el cultivo y protección de las distintas expresiones artísticas. El teatro, ese laberinto en crisis permanente, sobrevive en buena parte gracias a la esplendidez y grandeza de quienes lo amaron a lo largo de su historia. Durante el Renacimiento familias como los Medici desde Florencia, proporcionaron sustento a muchos artistas de su tiempo.
Numerosos teatros construidos durante el Siglo XIX y algunos en el XX, aun enhiestos en pueblos y ciudades de España, deben su “nacimiento” a las aportaciones desinteresadas de quienes disfrutando de grandes rentas o beneficios, decidieron devolver a la sociedad parte de sus ganancias. El banquero Francisco de las Rivas propició, en 1856, la construcción del Teatro de la Zarzuela; un carnicero de Antón Martín, Cándido Lara, construyó el Teatro de Lara en 1879; el Marqués de Fontalba, sufragó la construcción del desaparecido y lujoso Teatro Fontalba… y muchos, muchos más… Todo sin los beneficios fiscales de ahora.
El libro “Marketing en el Siglo XXI” del profesor Rafael Muñiz, aclara las diferencias entre los términos referidos a un fin análogo: “… sus objetivos, suelen diferenciarse bajo el prisma del beneficio comercial a obtener; mientras que las acciones de patrocinio se centran en productos tangibles, el mecenazgo lo hace en productos o servicios más intangibles, utilizando formas de comunicación más indirectas, tenues o sutiles y dirigiéndose al terreno de la cultura o del arte. En el caso del término sponsor (esponsorización) nos estamos refiriendo al mismo tipo de acciones centradas en el ámbito deportivo”.
Patrocinador, Mecenas o Esponsor, da lo mismo, es algo que necesitan la mayoría de los teatros de propiedad privada. No los públicos.