Opinión

Espionaje en Madrid

Viernes 23 de enero de 2009
Que las relaciones entre Comunidad de Madrid y Ayuntamiento no son buenas es algo que viene de antiguo. El último encontronazo se ha producido con ocasión del supuesto espionaje a que han sido sometidos diversos altos cargos de ambas administraciones. Al parecer, Manuel Cobo e Ignacio González, respectivos “número dos” de Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre, habrían sido objeto de seguimientos irregulares. Este último ha presentado una denuncia a título personal, que se une a la que la Comunidad de Madrid ha cursado como institución. Eso faculta la intervención del Ministerio Público, quien precisa de denuncia para actuar; no puede hacerlo de oficio en este tipo de asuntos. Con independencia del resultado ulterior, tal forma de proceder parece la correcta.

En efecto, quien detecte indicios de delito, o vea un menoscabo en sus derechos, ha de acudir a los tribunales. Para eso están. De hecho, una de las garantías que pone a nuestra disposición el Estado de Derecho es el derecho a la tutela judicial efectiva, consagrado en el artículo 24 de la Constitución. Será el juez, en todo caso, quien depure las responsabilidades que procedan, y dictamine si se produjo o no la comisión de un delito. Tal es la senda escogida por la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y su Vicepresidente, Ignacio González. En cambio, en el consistorio madrileño han optado por la “política de micrófono”. Que el Vicealcalde, Manuel Cobo, vierta acusaciones veladas contra la Comunidad de Madrid, y que el Alcalde de la capital, Alberto Ruiz Gallardón, vaya en la misma línea, no parece la mejor forma de afrontar un asunto tan delicado.

Fundamentalmente, porque si ha habido actos ilícitos, ya habrá tiempo de airear lo que se estime conveniente a juicio de Gallardón y su equipo. Los tribunales se han puesto manos a la obra; pues que actúen. Hasta entonces, no iría nada mal un poco de paz política. Máxime, cuando Ayuntamiento y Comunidad están en manos del mismo partido, aunque a veces no lo parezca. Mientras, desde el PSOE se frotan las manos. Asisten, entre divertidos y atónitos, al espectáculo de riña y desgaste que protagonizan los populares madrileños, con Rajoy como convidado de piedra. Muy en su estilo, por otra parte. Quizá debiera el señor Rajoy, como líder del partido Popular, tomar cartas en el asunto y no dejar que, como tantas otras ocasiones, se le vaya de las manos. Pero ha querer hacerlo. Y de momento, no parece tener muchas ganas.

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