Olga González Alonso | Sábado 24 de enero de 2009
El Touriño candidato de 2005 prometía en su programa electoral promover “las modificaciones legislativas pertinentes para permitir el ejercicio del voto emigrante en colegios electorales en el exterior, en condiciones de igualdad y de libertad equiparables a las existentes en la Galicia peninsular”. El Touriño candidato de hoy no ha podido ocultar su molestia ante la decisión de esta semana de la Junta Electoral Central de exigir la inclusión de documentos acreditativos de la identidad en los votos de los residentes en el exterior, lo que dotará de mayor transparencia al proceso y permitirá equiparar sus condiciones a las establecidas legalmente para los que viven aquí. La acata institucionalmente, como presidente de la Xunta que es, pero considera que no es el momento, dice, porque las elecciones ya están convocadas. Se me ocurre que sólo la lógica touriñana puede llevar a opinar que las decisiones de la Junta Electoral deben adoptarse fuera de los procesos electorales.
Las razones reales de tal migración del pensamiento sobre el voto de la emigración que se ha producido en el líder socialista se desconocen, pero es inevitable que asome la sospecha. El bocado no es pequeño: hay, a día de hoy, más de 330.000 gallegos inscritos en el Censo de Residentes Ausentes, lo que supone casi un 13 por ciento del total de los ciudadanos con derecho a votar en las autonómicas del próximo 1 de marzo. Y ha habido casi cuatro años de viajes a la diáspora desde el poder, de actos en los que se mezclaba y confundía con una deliberación difícil de ocultar institución y partido y de facturas con muchos ceros de despilfarro para agasajar a los paisanos lejanos.
El pasado verano, los socialistas votaron en el Parlamento de Galicia a favor de una Proposición de Ley para reformar la Ley Orgánica de Régimen Electoral con el fin de que los emigrantes votaran en urna y con la intención de que tal reforma llegara a tiempo para los próximos comicios autonómicos, iniciativa que fue aprobada por unanimidad. Pero cuando la propuesta llegó al Congreso, los socialistas votaron en contra. De nuevo, la migración mental y política, también conocida como falsedad o hipocresía. La misma que lleva al presidente de la Xunta a no ocultar su disgusto ante la decisión de la Junta Electoral Central, que le ha pillado por sorpresa, a lo que se ve, desagradable. Así son los socialistas, prometen una cosa, hacen todo lo posible por no cumplirla y, cuando alguien da algún paso para acercarse a lo prometido, se enfadan, qué contrariedad.
Y los nacionalistas del BNG, por su parte, han reaccionado en esto como en casi todo, tirando contra todo el mundo. Acusan al PP de ser los artífices de que el voto de los residentes ausentes no sea transparente ni reúna garantías, estaría bueno que el PP no tuviera la culpa de algo. Pero, siguiendo su costumbre, se meten también con sus socios-enemigos de gobierno por consentir esa situación. Ellos, claro, son pura inocencia, a pesar de que en Galicia tienen mando y en Madrid, mira que insisten, son decisivos. Sería bueno que decidieran algo útil alguna vez, en lugar de criticar tanto.
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