Juan José Alonso Millán | Domingo 10 de febrero de 2008
Vuelve una nueva edición del Premio Mayte de teatro. Hace cuarenta y ocho años que a Mayte Aguado se le ocurrió la feliz idea de fundar los premios Mayte de toros y teatro. Antonio Mingote, el académico y genial dibújate, accede a la presidencia del jurado, en sustitución de la gran actriz Emma Penella. La profesión está contenta, continúa en plena forma el más serio de los galardones teatrales.
A Mayte Aguado se le ocurrió la idea cuando regentaba su restaurante, frecuentado por intelectuales, periodistas, gentes del roro, políticos, artistas y señoritas de buen ver. Una estatuilla y un dinero para premiar la actividad escénica más sobresaliente de la temporada madrileña.
Concurrían sin necesidad de previa presentación, todos los espectáculos teatrales estrenados en Madrid desde el 1 de enero, hasta el 31 de diciembre del año anterior. Para que un premio cuente con prestigio y reconocimiento público, requiere que el jurado que lo otorgue tenga el respaldo de la profesión; actores, críticos, autores, directores y académicos que den la cara y cumplan sobradamente con este requisito.
"La otra condición" imprescindible, es la continuidad. Tantos años sin parar garantizan este aval. Ambas premisas son las que distinguen y dan fuerza al premio Mayte, que con el paso del tiempo ha ganado, si cabe, más fama por su probada seriedad. El único que ha obtenido dos veces el Premio Mayte ha sido el gran Fernando Fernán Gómez.
Solamente se cometió una injusticia insuperable, al otorgármelo a mí en el año 1984, no obstante la salud del galardón no se resintió y siguió tan fresco. Sin duda, para mí, es el trofeo del que estoy más orgulloso. La continuación está asegurada por los herederos de Mayte. Luis y Gema han creado una fundación, para asegurarla por los siglos de los siglos.
Luis heredó de su madre el amor y el respeto a las gente de Talia y Gema, una de las mujeres más bellas que he conocido, empezó su carrera en el teatro como actriz, en una comedia mía, luego vino cine en Italia, hasta que lo dejó todo por Luis y su hostelería. Trabajadora incansable ha extendido su negocio a Santander, donde sigue funcionando una versión local del Premio Mayte.
Los planes de Cantabria son de lo más prometedores. Desde donde esté, Mayte contemplará satisfecha, acompañada de ilustres contertulios amigos, cada nueva edición del premio que ella instauró, sobre todo en su tierra natal y viendo cómo sigue a flote, mientras los nuevos premios, fruto de la política partidista, la moda o la odiosa y manipulable "cultureta" naufragan irremisiblemente.