Isabel Gómez Acebo | Domingo 25 de enero de 2009
Un interesante artículo de tres profesores universitarios Dan Ariely, Anat Bracha y Stephan Meier publicado en el Economist del 17 de enero analiza los motivos que tienen las personas para contribuir económicamente o con trabajo voluntario a diferentes asociaciones o causas benéficas.
Son pocos los que se conforman con una carta de agradecimiento, están motivados por mero altruismo o por deducir la cantidad del impuesto sobre la renta, la mayoría de los donantes quiere que se conozcan sus nombres e incluso la cantidad con la que han contribuido. Las personas, sostiene la tesis de este artículo, hacen el bien porque les hace aparecer “buenos” ante las personas cuyo opinión les importa, lo que sólo es posible si la acción es pública y la labor beneficia a una institución que está bien vista por la sociedad.
Los autores confrontaron sus ideas con unos experimentos en los que un grupo elevado de personas se enfrentaba a la posibilidad de donativos a la Cruz Roja o a otras instituciones. Como la primera tiene una buena imagen en los EEUU, que es donde se realizaron las pruebas, el 92% de los partícipes marcó su casilla.
La siguiente prueba exigía escoger entre un grupo privado donde sólo el donante conocía la cantidad entregada o un grupo público que al final daba una relación con las personas y el monto de sus dádivas. De nuevo ganó la notoriedad con 900 entradas frente a 517.
Para complicar más el sistema se introdujeron en las pruebas nuevas variables como compensaciones económicas u otros alicientes. El donante de sangre si cobra ¿aparece ante la sociedad como buena persona o como un aprovechado? Si la imagen fuera negativa ¿disminuirán los donantes por el hecho de recibir una compensación económica? El estudio llegó a la conclusión de que se reduciría el número en aquellos lugares donde las listas fueran públicas pero no afectaría en absoluto en los que los nombres de las personas quedaran en el anonimato.
No es malo que las asociaciones de caridad lean algunas de estas conclusiones si quieren elevar la cuantía de sus donativos pues aunque nos pese, la mezquindad de nuestras intenciones es una realidad con la que hay que contar.
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