Opinión

El mito de Castro, en entredicho

Domingo 25 de enero de 2009
La retirada de Fidel Castro de la vida política activa -aunque siga moviendo los hilos entre bambalinas- ha puesto fin a más de medio siglo de megalomanía. Su afán de protagonismo hacía que la sufrida población cubana padeciese el tormento de horas y horas de tediosas homilías comunistas, bajo la romántica aureola de la “revolución”. De hecho, todo el continente americano padeció en los años 60 y 70 la irrupción de aventureros y delincuentes que, bajo la excusa revolucionaria, se echaron al monte fusil en mano para luchar -que no trabajar- contra una injusticia de la que ellos mismos eran parte activa. Algunos fueron elevados a la categoría de mitos, como el “Che” Guevara o el propio Fidel Castro. La muerte del “Che” estuvo rodeada de misterio y siempre se sospechó que tras ella había oscuros intereses de gente supuestamente afín. Ahora, uno de los miembros de su unidad revela lo que ha sido un secreto a voces durante mucho tiempo: que detrás de la muerte de Ernesto Guevara estaban La Habana y Moscú. No interesaba alguien tan carismático y tan poco manipulable a la vez.


Echando la vista atrás, cuesta entender cómo puede haber gente a día de hoy que justifique y defienda aquellos modos de actuar. “Montoneros”, “Tupamaros”, “MIR” y demás guerrillas no lograron sino más miseria y dolor para la gente por la que teóricamente luchaban. Los efectos de una “revolución duradera” como la cubana a la vista están: medio siglo de totalitarismo, empobrecimiento y falta de libertad. Fidel es aún para muchos un ejemplo vivo de resistencia a no se sabe muy bien qué. Su figura sigue despertando ciertas simpatías. Eso, claro, si no se le pregunta a todos aquellos que han tenido la fortuna de salir de Cuba y relatan las “bondades” del socialismo allí reinante. Sería higiénico que se aclarasen las sospechas que vinculan a Castro en la muerte del “Che”. Caería un mito que nunca debió alcanzar tal categoría. Aunque por caer, también cayó el muro de Berlín, sin que más de uno parezca haberse enterado todavía.